19/04/2026
Durante mucho tiempo pensé que huir era una debilidad.
Pensaba que si no enfrentaba, algo en mí estaba mal.
Cuando vivimos situaciones donde no pudimos defendernos, poner límites o salir (porque éramos pequeñas, porque no había opción, porque no era seguro) nuestro sistema aprende a sobrevivir como puede: callando, adaptándose, aguantando.
Eso también es una respuesta de supervivencia y el cuerpo no olvida.
Por eso, cuando en el presente aparece una situación que se siente similar, aunque ya no sea la misma, el cuerpo reacciona desde esa memoria: huir, alejarnos, evitar… no porque seamos débiles, sino porque por fin hay posibilidad de hacerlo.
Lo que antes no fue posible, hoy se intenta completar.
No es cobardía, es el sistema nervioso buscando protegernos.
Y entender esto no significa quedarme siempre en la huida,
pero sí dejar de juzgarme por cómo aprendí a sobrevivir.
Desde ahí, poco a poco, puedo empezar a elegir distinto.