11/12/2025
Muchos miran hacia la ciudad como quien mira un espejismo.
Ven luces, ven escaparates brillantes, ven platos decorados con pinzas, y creen que eso es “vivir bien”.
Creen que el lujo está en pagar caro, en la estética, en lo artificialmente perfecto.
No se dan cuenta de que ese brillo es falso, diseñado por los mismos que hoy enferman a millones con químicos, conservantes, fungicidas e insecticidas que envenenan la tierra y el cuerpo.
Mientras tanto, en el campo ,en ese lugar que algunos sienten como atraso, como falta, como carencia, hay mesas que sostienen lo que la ciudad ya perdió:
La autenticidad.
Papas nativas con memoria, maíces que no han sido tocados por la mano manipuladora del sistema, alimentos que vienen directo de la tierra sin pasar por la mutilación transgénica.
Eso es un lujo.
Eso es un privilegio.
Eso es lo que la sinarquía mundial quiere destruir:
La soberanía del hombre que todavía puede alimentarse sin veneno.
El marketing masivo le ha enseñado al campesino a avergonzarse de su abundancia.
Le dicen “estás atrás”, “tienes poco”, “mira la ciudad”.
Pero quien vive del campo, quien come de su propia tierra, quien sabe de dónde salió lo que está en su plato…
Esa persona no es un pobre:
Es una persona privilegiada.
Es alguien que aún está fuera del envenenamiento programado.
Es alguien que sin darse cuenta tiene en sus manos el oro que nadie puede fabricar.
El Espíritu ,no el alma, no la conciencia domesticada por el Demiurgo, sino el Espíritu increado que todavía arde dentro, reconoce este valor.
Sabe que donde no hay químicos ni manipulación, hay fuerza.
Donde no hay veneno, hay lucidez.
Donde la tierra es limpia, el alimento es salud .
Comer así no es solo nutrirse:
Es blindarse ante un sistema que quiere cuerpos débiles, mentes confundidas y voluntades rotas.
Por eso este escrito .....
Si hoy tienes en tu mesa comida nativa, si tus manos tocan alimentos que vienen del suelo original, si todavía puedes comer algo que no fue alterado para controlarte…
No estás en carencia.
Estás en una posición de poder.
Estás sostenido por un lujo que el mundo moderno ya no posee.
Muchos anhelan lo falso.
Muy pocos reconocen lo real.
Y tú, que aún tienes ese tesoro, debes defenderlo.
Porque lo que la sinarquía quiere quitarte no es un cultivo:
Es tu soberanía, tu fuerza interior, tu capacidad de vivir sin depender de ellos.
El verdadero lujo no está en un restaurante caro, sino en poder comer sin veneno.
El verdadero privilegio no está en la ciudad, sino en la tierra que sigue viva.
Y el verdadero valor está en el Espíritu que reconoce lo esencial y no se deja engañar por la ilusión....