09/01/2026
Estoy súper, súper emocionada con los cambios de la nueva pirámide alimenticia de Estados Unidos, porque la verdad es que nunca estuve de acuerdo con la pirámide anterior.
Me parecía una cantidad abismal de carbohidratos la que se recomendaba en los planes de alimentación, y eso trajo muchísimas consecuencias negativas en los pacientes.
Aunque muchos nutriólogos tratábamos de modificar esa pirámide con base en la evidencia y en lo que íbamos estudiando, la realidad es que las personas que no acudían a consulta veían la pirámide oficial… y eso era lo que querían comer.
¿El resultado? Muchísimos carbohidratos, muy poca proteína, muy pocas grasas, y cuando había grasas, eran grasas derivadas del petróleo, como los aceites vegetales industrializados.
Hoy, la nueva pirámide nos muestra un escenario real, un escenario que sí puede traer salud, y de verdad lo aplaudo.
No quepo de la emoción por este gran, gran avance.
Ahora ya se reconoce que las proteínas y las verduras deben estar en la base de nuestra alimentación, acompañadas de grasas saludables como el aguacate, el aceite de oliva, el aceite de aguacate o la mantequilla clarificada.
Después siguen las frutas, y hasta el final, en cantidades muy pequeñas, los granos naturales y no procesados.
Además, se eliminan por completo los alimentos industrializados y el azúcar.
Me fascinó —y lo aplaudo de pie— que se recomiende eliminar el azúcar de la dieta de los niños.
Hoy vemos muchos discursos que dicen que no se puede “satanizar” ningún alimento, que quitar el azúcar genera trastornos, que es necesaria para convivir…
Y yo pregunto:
¿Tú le darías detergente a tu hijo para convivir?
Claro que no, porque es veneno.
El azúcar también es veneno.
Así que aplaudo muchísimo que por fin se quite lo malo de nuestra alimentación, que se promueva comida real, comida que nutre y que verdaderamente genera salud.
¡Bravo, bravo, bravo! 👏👏👏