28/10/2025
Nadie cuenta lo que pasa después del funeral.
Cuando todos se van, cuando los abrazos se disuelven y las frases de “fuerza” ya no alcanzan.
Cuando el silencio se instala en la casa como un huésped que no piensa irse.
Nadie habla de ese primer día al volver.
De abrir la puerta y sentir el golpe de la ausencia.
De mirar al mismo lugar donde solía estar esa persona y descubrir que ya no hay nada.
Nada… salvo el eco de lo que fue.
Nadie te prepara para ese vacío que no se ve, pero se siente.
Para esa costumbre de seguir sirviendo el plato,
de mirar la silla vacía,
de oler la ropa,
de buscar su voz en el aire.
No te dicen que vas a seguir hablándole, aunque ya no responda.
Que vas a besar fotos, a dormir con su suéter, a mirar el cielo como si pudiera contestarte.
Porque el amor no muere con el cuerpo.
Se queda. Cambia de forma. Duele distinto cada día.
Y es en ese después, cuando ya no hay testigos,
cuando los demás siguen con su vida
y tú apenas estás aprendiendo a respirar entre los recuerdos…
ahí es donde empieza el verdadero duelo.
Ese que no tiene fecha de término.
Ese que enseña a vivir con el hueco, sin llenarlo, pero sin dejar de amar.
Porque el funeral se acaba…
pero el amor, no.
Y mientras duele, también te mantiene de pie. 🤍