01/12/2025
Por qué a veces cuesta tanto trabajo establecer límites sanos?
1. Miedo a ser rechazada o perder afecto
Muchas personas aprendieron desde pequeñas que “portarse bien” y complacer asegura cariño, aceptación o tranquilidad. Entonces poner un límite se siente como arriesgar la relación.
2. Confusión entre poner límites y ser egoísta
Si creciste en un entorno donde cuidar tus necesidades era visto como “ser mala”, “fría” o “egoísta”, es normal que ahora te cueste defenderte. Tu cerebro aún asocia límite = peligro o conflicto.
3. Baja autoestima o creencias de desmerecimiento
Cuando internamente no te sientes suficiente, puedes creer que tus necesidades “no importan tanto”, y te resulta más fácil adaptarte antes que pedir lo que necesitas.
4. Cansancio emocional y hábito del autosacrificio
Cuando ya llevas años cargando roles, responsabilidades y expectativas, decir “no” parece más desgastante que seguir cediendo. Pero es un cansancio acumulado.
5. Temor al conflicto
Hay quien prefiere evitar discusiones a toda costa. No tanto por la discusión, sino por la ansiedad, las reacciones del otro o el recuerdo de ambientes conflictivos en la infancia.
6. Falta de práctica
Establecer límites es una habilidad. Si nadie te enseñó cómo hacerlo (de forma clara, tranquila y firme), es lógico que sientas inseguridad o culpa al comenzar.
7. Relaciones donde el otro NO respeta límites
A veces no es que tú no sepas, sino que estás rodeada de personas que se enojan, manipulan o se victimizan cuando marcas un límite. Eso desgasta y confunde.