10/12/2025
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Para muchos niños autistas, el mundo puede sentirse impredecible: sonidos que llegan de golpe, cambios que no se anticipan, transiciones constantes, demandas sociales que requieren esfuerzo extra. Todo eso, acumulado, puede generar una enorme carga sensorial y emocional.
La rutina aparece entonces como un ancla.
Una guía clara que reduce la incertidumbre, organiza el día y baja la ansiedad.
Sin una rutina, el cerebro autista puede sentirse como ese dibujo enredado:
muchos estímulos, ninguna estructura para procesarlos, dificultad para anticipar qué viene después y, como resultado, mayor estrés, irritabilidad, desregulación o agotamiento.
Con una rutina, en cambio, ocurre algo poderoso:
El niño sabe qué esperar.
Su cerebro puede preparar la transición antes de que ocurra.
Las actividades se ordenan de manera visual y predecible.
La energía mental se usa para aprender, jugar o comunicarse… no para adivinar el siguiente paso.
Las rutinas no son “caprichos”.
Son herramientas de accesibilidad para que el niño pueda desarrollarse en un mundo que no siempre está diseñado para él.
Estructurar el día en pasos simples —levantarse, desayunar, estudiar, hacer ejercicio, realizar tareas, comer— no limita su autonomía:
LA CONSTRUYE.
Cuando un niño autista tiene una rutina:
❤️🩹 se siente seguro
❤️🩹 se regula más rápido
❤️🩹 entiende mejor su entorno
❤️🩹 anticipa lo que viene
❤️🩹 reduce la ansiedad
❤️🩹 tiene más disponibilidad emocional para aprender y disfrutar.
Celeste Marte ❤️🔥
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