27/02/2026
En uno de sus monólogos, Facundo Cabral se refiere a LOS MILAGROS de una manera muy peculiar, muy sencilla pero muy profunda. Él dice en su monólogo:
“Aunque rara vez somos conscientes de ello, TODOS RECIBIMOS LOS MILAGROS QUE NECESITAMOS, NO LOS MILAGROS QUE DESEAMOS. No los milagros por los que rezamos de rodillas con lágrimas en los ojos… Esos milagros no los recibimos, sino los milagros que necesitamos. Es una dura verdad, pero así es como es. Y puede sonar como algo que dice alguien que nunca ha tenido hambre, que nunca lo ha perdido todo, que nunca ha tenido su corazón en las manos preguntándose, ¿por qué sigue latiendo cuando debería verse roto en mil pedazos?
Pero todo lo que expreso en este escrito, lo hago desde la plataforma de mi experiencia personal. He tenido hambre. Lo he perdido todo, y estoy aquí para decir que EL MILAGRO A MENUDO SE DISFRAZA DE AQUELLO DE LO QUE HUIMOS. De alguna manera, recibimos justo los milagros que necesitamos para convertirnos exactamente en lo que estamos destinad@s a ser. Esto no es resignación, es sabiduría más antigua que las palabras… Es silencio convertido en sabiduría, pues el silencio enseña cosas que el hablar nunca puede. El silencio nos puede ayudar a aprender a observar. Nos puede ayudar a aprender a ver la verdad detrás de las
palabras de la gente, incluso antes de entender que son esas palabras. Nos puede ayudar a aprender que la mayoría de lo que la decimos no es lo que queremos decir, y que la mayoría de lo que queremos decir, no es lo que decimos… El silencio nos puede ayudar a aprender a escuchar el viento, el ritmo de los pasos, la música que se esconde tras el ruido.
LOS MILAGROS HAN ESTADO AQUÍ, JUSTO FRENTE A NOSOTR@S TODO EL TIEMPO, escondidos en el sufrimiento, como una semilla en una cáscara dura, pero nos negamos a verlos, estamos demasiado ocupad@s queriendo ser como l@s demás, demasiado ocupad@s en evitar el silencio, demasiado ocupad@s, pensando que Dios nos ha abandonado en la oscuridad… ASÍ FUNCIONA LOS MILAGROS. Vienen con cara de dificultad, llaman a nuestra puerta disfrazados de problemas, llegan en plena noche cuando ya estamos cansad@s, destrozad@s al límite de nuestras fuerzas y dicen, aquí estoy, soy justo lo que necesitas… Pero no los reconocemos, los rechazamos, decimos “no, no, pedí otra cosa, recé por algo diferente, este no es el milagro que necesito”… pero lo es, claro que lo es.
Los milagros no se ajustan a caprichosas teorías ni filosofía, sino a la vida, a la textura real de la existencia. Los milagros son como todas las historias que ya están en el aliento que compartimos, pero que aún no hemos aprendido a descubrir. En nuestro ajetreado y acelerado modo de vivir, ansiamos muchísimas cosas y situaciones, rezamos: “Dios, por favor déjame conseguir lo que anhelo, déjame que pueda ser como l@s demás”. Pensamos y tenemos la convicción de que eso que deseamos es lo que necesitamos, pensamos que el milagro que necesitamos es lo que anhelamos… Pero no es así.
Cuando seamos verdaderamente conscientes de nosotr@s mism@s, de l@s demás y de nuestro entorno, algo se abrirá en nuestra mente y en nuestro corazón, no de repente, no como en las películas donde el ciego de repente ve… será poco a poco como el amanecer. Empezaremos a comprender que recibir un milagro no se trata de descifrar secretos ajenos, sino de reconocernos en diferentes formas. El milagro más grande que podremos recibir no será la capacidad de lograr lo que deseamos, el milagro que recibiremos será poder comprender que ya poseemos todo lo que necesitamos, los dones y milagros ya están en nosotr@s, solo necesitamos abrirnos al entendimiento que nos permita acceder a la forma de liberarlos. Así es como funcionan los milagros. PEDIMOS UN MILAGRO, Y RECIBIMOS OTRO, otro mejor, más profundo, que viene a ser lo que realmente necesitamos, aunque no tengamos la sabiduría para reconocerlo.
El recibir los milagros que realmente necesitamos, no los que pedimos, nos pasa constantemente. Cada día nos rodean milagros que no reconocemos porque no son como esperábamos, oramos por dinero y recibimos ingenio, oramos por amor y recibimos soledad que nos enseña a amarnos, oramos por éxito y recibimos fracasos que nos muestran de qué estamos hechos, oramos por paz y recibimos conflictos que nos obligan a encontrar la paz en nosotr@s mism@s, en lugar de en nuestras circunstancias. El universo Dios la vida, como queramos llamarle a la fuerza misteriosa que todo lo crea no es cruel, pero tampoco es suave, es precisa, nos da justo lo que necesitamos para convertirnos en quienes estamos destinad@s a ser, y lo que necesitamos no suele ser lo que deseamos.”
Saludos y bendiciones… Juan E.