02/10/2025
El matrimonio es como un gran edificio que se construye día a día. No basta con levantar sus paredes ni adornarlo por fuera, porque lo verdaderamente importante son los cimientos que lo sostienen.
Sin amistad, la relación carece de esa complicidad que convierte la convivencia en un refugio seguro.
Sin confianza, el edificio se llena de grietas invisibles que tarde o temprano lo debilitan.
La comunicación es el puente que une las diferencias, que aclara las dudas y que evita que los silencios se conviertan en muros.
El respeto es la base que garantiza que, aun en los desacuerdos, siempre exista dignidad y consideración mutua. El trabajo en equipo recuerda que no se trata de dos personas luchando una contra la otra, sino de dos almas empujando hacia el mismo horizonte.
La gratitud mantiene viva la chispa, porque reconocer lo que el otro hace es regar el jardín del amor. Y el perdón, quizá el más difícil de todos, es la llave que permite seguir construyendo cuando los errores amenazan con derrumbarlo todo.
Un matrimonio fuerte no se edifica en un solo día; es el resultado de cuidar, reparar, sostener y valorar esos cimientos una y otra vez, con paciencia, con entrega y con amor verdadero.
-Familia Disruptiva-