21/11/2011
¿CUANDO LLEVAR A LOS NIÑOS AL DENTISTA?
¿Cuándo tenemos que visitar al dentista? Esta es una pregunta que seguro la hacen todos los padres al observar que su hijo ya tiene todos o casi todos los dientecillos.
De una forma general, la primera visita debe realizarse alrededor de los 3 años, cuándo se encuentra completa la erupción primaria, para una primera revisión. Los controles se deben hacer a cada 6 meses, y no esperar que tenga que ser de urgencia.
De todas formas, antes de los 3 años, tenga el hábito de examinar los dientes de su bebé. Los dientes saludables tienen un color uniforme. Si ves manchas o puntos en los dientes, lleve a su bebé al dentista. Limpie los dientes de su bebé con un paño suave y limpio o con un cepillo dental para bebés en cuanto salgan en la boca.
Cuando llegue el momento de acudir al dentista, a los tres años de edad o incluso antes cuando se detecte algún problemita, los padres deben esforzarse por transmitir a su hijo una sensación de confianza y de seguridad. Es necesario que entre el niño y el dentista haya una buena relación de complicidad y no de miedo ni de temores.
¿QUE SE ESPERA DE UNA ATENCION?
En las consultas, el especialista controla el desarrollo de la dentición y el estado de las piezas dentales, enseña las debidas pautas de higiene y completa la limpieza, decide si conviene efectuar algún procedimiento preventivo y puede advertir el inicio de caries cuando su tratamiento aún es fácil y no han causado graves perjuicios. Con la ayuda de diversos instrumentos, el dentista elabora, además, un informe odontológico en el que precisa el estado de cada uno de los dientes que conforman la dentadura, y su relación entre ellos. Para completar el estudio puede recurrir también a la confección de moldes o a la práctica de alguna radiografía.
Una rutina beneficiosa
Así, el odontólogo tiene una base suficiente para determinar si se requiere alguna actuación especial.
Una rutina sin duda beneficiosa que conviene comenzar pronto, no mucho más tarde de los tres años, cuando lo más probable es que todavía no exista ningún problema y que la visita para el niño constituya un momento agradable. De este modo será más fácil repetirla con la regularidad que indique el especialista, generalmente cada seis meses o, como máximo, una vez al año.
"EL DENTISTA UN AMIGO"
Los padres deben esforzarse por transmitir al niño una sensación de confianza y seguridad cuando acude al dentista, con el que conviene que llegue a entablar una buena relación, sin los temores que son tan comunes en los adultos. Puede ayudar a todo ello el hecho de acudir a odontólogos infantiles que decoran y adaptan los consultorios según las necesidades y los gustos de los mas pequenos.
"EL INSTRUMENTAL"
Para desarrollar su labor, el dentista tiene que utilizar un instrumental muy variado, desde diminutos utensilios que caben fácilmente en la boca de un niño hasta el imponente tomo que se alza junto al sillón en que se tiende el paciente. Es lógico que ante la visión de todos ellos, el niño se sorprenda e incluso desconfíe, por lo que hay un consejo que resulta muy útil pedirle al odontólogo que le enseñe al pequeño los distintos aparatos y que le explique su utilidad Así se familiarizará con ellos antes de que, ya situado en el sillón y con la boca abierta, los vea como si de instrumentos de tortura se tratase.
"EVITAR EL MIEDO"
Hoy en día, las técnicas odontológicas permiten efectuar tratamiento con mínimas molestias para el paciente, pero no cabe duda de que la actuación del dentista no siempre resulta agradable, y en muchas personas, tanto niños como adultos, genera a menudo una reacción de temor.
Para que el niño no tenga este tipo de actitud ante la visita al odontólogo hay que actuar con prudencia y realismo. Por ejemplo, no debe evitarse el miedo con frases tan poco realistas como "no sentirás absolutamente nada" o "ní te tocará"; bastaría entonces una sola mala experiencia para que su hijo ya no confiase más en los consejos tranquilizadores. Es preferible decirle que el especialista siempre se preocupa de no hacer daño. Pero también es conveniente pactar unos gestos de advertencia para que el niño pueda saber que se tendrán en cuenta sus molestias, y explicar que la pequeña incomodidad que sufre ahora evitará que más adelante el tratamiento sea más complejo y molesto. Y; por supuesto, lo más importante es no condicionar su miedo con relatos de experiencias propias desagradables, ni amenazarlo nunca con ir al dentista.
LA LIMPIEZA DENTAL PERIODICA.
La visita al dentista suele complementarse con una actuación concreta, la limpieza de los dientes por supuesto, la higiene dental es una cuestión cotidiana, ya que la placa bacteriana tiende a formarse continuamente y es preciso eliminarla mediante el cepillado y el uso del hilo dental varias veces al día pero estos procedimientos no bastan aun respetándolos, es casi imposible impedir que en algunas partes de la dentadura, especialmente las más inaccesibles, se depositen sobre la placa algunos minerales principalmente calcio y fósforo, formando una costra dura denominada sarro. Estas concreciones sólidas no pueden arrancarse con el cepillo, sólo pueden ser eliminadas por el dentista mediante un procedimiento específico que conviene repetir de forma periódica, cada seis o doce meses, coincidiendo con las visitas de control.
1.- Se examina atentamente la dentadura en busca de sectores donde se haya acumulado el sarro y se procede a una primera limpieza general con agua.
2.- Con la ayuda de un espejo se inspecciona la cara interna de los dientes y se eliminan los restos de placa dental, para dejar expuestas las partes cubiertas por concreciones sólidas y rugosas.
3.- Se arrancan los depósitos duros mediante el raspado de la superficie de los dientes con un instrumento afilado, o bien mediante el uso de un aparato de ultrasonidos.
4.- Se pulen los dientes con un instrumento de goma al que se incorpora una pasta abrasiva, dejando una superficie dental lisa sobre la cual será más efectiva, a partir de ahora, la acción del cepillado.
VISITA A TU DENTISTA!