13/01/2026
CUANDO HAS PERDIDO A UN SER QUERIDO O TEMES PERDERLO.
Me acerco a ti para confiarte con amor, lo que pienso para mí misma de la muerte.
Mis palabras van con la cálida ternura conque se acaricia a un niño; y con la cuidadosa delicadeza conque se cura una herida, me acerco a ti, que sufriste el desgarro de la despedida.
Te entrego estas simples palabras. Algunas te servirán de alivio y de consuelo, otras te irritarán, ¡seguramente!, porque no dicen lo que tú sientes ahora. No te impacientes; acéptalas como indicadoras de un camino que hay que recorrer con tiempo, y no como preceptoras de un deber que ya debieras haber cumplido. Si algo te incomoda hoy, déjalo, y tal vez lo leas mejor mañana.
Tú caminas por un desierto, el sol y las arenas enardecen tu sed; si yo te hablo de un oasis no es para culparte por no haber llegado, sino para alentar tus pasos.
Acepta que ante la muerte, quedas desconcertado como un niño. Tu propia muerte te asusta, y la muerte de tus seres queridos te duele. No voy a escribir una sola palabra para superar tu miedo o suprimir tu dolor; porque no tengo esa palabra mágica. Sólo te escribo cosas simples, para que te duelas sanamente y sea más llevadero.
Que te duelas sanamente, a causa de tus mu***os, que te deprimas un tanto y un tiempo, pero no que no puedas vivir. Que te dejes morir porque murió tu madre, tu padre o tu hermano, tu esposo o tu esposa, tu hijo o tu amigo.
Yo quisiera ayudarte, si me es posible y si tú quieres, a que sufras sanamente, para seguir viviendo y ; QUE NO MUERAS CON SUS MU***OS. Tus mu***os ya murieron, y en tu mente ya lo sabes. Pero tu corazón necesita tiempo para saber y aceptar que ya partieron. Por eso tu dolor resurge como nuevo, ante esa mesa familiar donde un lugar quedó vacío, en esa Navidad donde alguien falta, en ese nacimiento sin abuelo, en ese año nuevo en que se brinda y alguien ya no levanta la copa.
Así es el corazón humano: siempre vive de a poco lo que la razón sabe de golpe. ¡Para la mente los mu***os mueren una vez; para el corazón mueren muchas veces...!
Enciende la lámpara de la esperanza y alégrate como un niño. "Ellos resucitarán para ti"... Resucitarán para ti, cuando hayas aceptado que "murieron para ti"; sólo los recuperas en su regreso, cuando aceptas su partida. ¡No es posible la alegría del reencuentro, sin sufrir el dolor de la despedida!
A veces la muerte de nuestros seres queridos despierta mucha rabia, aunque sepas los porqués y no quieras sentirla. Tu resistencia ante la muerte te hace rebelarte, aunque no sepas del todo contra quién hacerlo... ¿Contra Dios...? ¿Contra tus mu***os... porque te abandonaron? ¿Contra... qué o quién? tal vez rabia contigo mismo.
¡Ante la muerte se acaban tus explicaciones! No te tortures sintiéndote culpable ante tus mu***os. ¡Los mu***os no cobran deudas! ¡Además, si hoy resucitaran, volverías a ser con ellos como fuiste! ¿O no sabías con certeza que un día iban a morir?
No te mueras con tus mu***os... ¡Muéstrales más bien, que como el árbol podado en el invierno, lejos de morirte, retoñas vistiendo tu desnudez devolviendo frutos por heridas! Acepta la realidad y date cuenta, de que tus mu***os te plantean un serio desafío: El de tener una respuesta para el sentido de tu vida. Porque mientras no sabes para qué murieron ellos, tampoco sabes para qué vives tú. ¿O no piensas morir?
Ante tus mu***os tu corazón tiene mil interrogantes y tu razón, ninguna respuesta. Resolverás mejor la cosa, cuando preguntes menos y aceptes más. Las flores que regalas a tus mu***os hablan de la vida y la esperanza. También en tu corazón duermen la vida y la esperanza esperando que tú las despiertes para seguir viviendo esperanzado.
No te mueras con tus mu***os... ¡Míralos marchar por su camino, hacia su meta, y aprende la lección que ellos te dejan, diciendo que tu andar de peregrino, también tiene un final, al que te acercas...! Más que con la frialdad de los mármoles, más que con suntuosos monumentos y grandilocuentes discursos, honra a tus mu***os con una vida digna. ¡Piensa qué esperas para ti cuando hayas mu**to!
Aprende de tus mu***os una lección para la vida: Es mejor amar a los tuyos mientras viven, que culparte por no haberlos amado, cuando ya se fueron.
No te mueras con tus mu***os... ¡Despídelos, como despides las aguas del río que van al mar, sabiendo que volverán mañana nubes, y serán lluvias sobre tu rostro! Así como los cirios encendidos se queman y derriten dando luz y calor en la despedida. Que tu corazón no se derrita en vano, quemándose en el fuego del dolor sino que arda en las llamas del amor y en la luz de la esperanza.
No te mueras con tus mu***os... ¡Vive este invierno de dolor, que te desnuda como quitándote la vida; pero, recuerda que la savia duerme para retoñar y florecer en primavera! Parte del dolor que te golpea, cuando despides a tus mu***os, se debe a una pregunta que golpea en tu interior, interrogando por el sentido de la vida. Si respondes de verdad, sincera y frontalmente, gracias a la muerte de tus mu***os tú vivirás más plena y auténticamente.
¿Sabes qué?... cuando lloras a tus mu***os, lloras por ti y no por ellos. Lloras porque los perdiste, porque no los tienes a tu lado. Porque, si todo concluye con la muerte, tus mu***os ya no están, ni siquiera para sufrir por haber mu**to; y si la vida continúa, más allá de la muerte, ¿por qué apenarte por tus mu***os?
Cuando hayas terminado de aceptar que tus mu***os se murieron, dejarás de llorarlos y los recuperarás en el recuerdo, para que te sigan acompañando con la alegría de todo lo vivido.
No te mueras con tus mu***os... ¡Recuerda que donde ardió el fuego del amor y de la vida, debajo de las cenizas muertas, quedan las brasas esperando el soplo, para hacerse llamas!
Si dices que, sin tus mu***os, tú no puedes seguir viviendo, no digas que es porque los amabas tanto, sino por cuánto los necesitabas, (y no es lo mismo amar que necesitar). Si lo aceptas así, tal vez descubras, para tu crecimiento, que tu vida consiste en vivir EN tu vida... ¡y no en la de los otros!
No frenes tus lágrimas cuando llegan, ni fuerces el llanto cuando se alejan. No dejes de llorar porque alguien lo reprueba, ni te obligues a llorar porque si no: "¿Qué dirán los otros? Respeta tu dolor y tu manera de expresarlo.
No te mueras con tus mu***os... ¡Déjalos partir, como parten las golondrinas en otoño, para anidar en otros climas y volver más numerosas y crecidas, en otra primavera!
Las lágrimas que ocultas, el dolor que escondes y la protesta que callas, no desaparecen: quedan al acecho del momento en el que puedan estallar. Y es mejor que lo vivas todo a su tiempo y en su hora. Es común que las personas guarden buena cantidad de culpas para reprocharse ante sus mu***os. ¡No lo hagas contigo! Tus mu***os no ganan nada con tus insomnios de remordimientos. Ámalos ahora; recuérdalos con amor, y, quizás, sí ganen algo.
Aprende a mirar la muerte como otro nacimiento, para otra etapa de la vida...Tú y yo sólo vemos una cara de la muerte, la del otro lado se nos escapa. Si desde el seno de tu madre hubieras visto nacer un hermano, creo que lo hubieras llorado como mu**to, hasta nacer tú y reencontrarlo. ¿Qué sentirías si miraras la muerte como otro nacimiento...?
No te mueras con tus mu***os... ¡Déjalos que vayan como esta semilla que se lleva el viento, no por capricho de llevarla, sino para sembrarla en algún lado, aunque tú no sepas dónde!
No te castigues, encaprichada y resentidamente, prohibiéndote g***r de la vida porque perdiste a un ser querido. Tu tristeza te destruye a ti, sin beneficiar a tus mu***os. Y, cuando ellos partieron, no se llevaron contigo tu derecho a g***r de la alegría de la vida. Tus mu***os tenían sus falencias; no sigas culpándolos por tantas cosas. ¡Los mu***os no pagan deudas! Perdónalos, si es necesario hacerlo, dejándolos en paz a ellos y liberándote tú para vivir tu vida.
Tus mu***os no están en el cementerio. Nunca estuvieron ahí, salvo cuando estaban vivos. ¿Me preguntas dónde están...? Yo no puedo responder por ti. Yo sé dónde están "para mí" los míos; pregúntate tú a ti mismo dónde crees que están "para ti" los tuyos. El cementerio no es un desierto sin vida, es un campo sembrado con esperanzas. El cementerio es como un surco donde se arrojan las semillas. Ningún sembrador vuelve a remover la tierra para buscar las semillas ya sembradas; regresa al campo a la hora de cosechar espigas.
No te mueras con tus mu***os... ¡Diles tu adiós!, esperanzado, como despides el sol en el ocaso, la luna y las estrellas en la aurora, sabiendo que a su turno y a su hora, todos volverán hacia tu encuentro.
Estos días de dolor profundo, grises de tristeza, de soledad y de silencio, son como el tiempo del invierno para las plantas. Pero confía en la vida, ¡qué es siempre más fuerte que la muerte!, para que retoñe su alegría y florezcan tus ganas de vivir. Así como te alegra la belleza de las flores, deja que la alegría de los otros te alivie de tus p***s, que te contagien su alegría.
No te rebeles frente a la alegría ajena. No pretendas que todos se mueran con tus mu***os; que cada uno lleva su peso con llorar los suyos. Y es mejor para ti que te contagien su alegría y sus ganas de vivir, y no se hundan contigo en el pozo de tu pena.
No te mueras con tus mu***os... ¡Llévalos vivos en tu amor y vive con ellos en tus recuerdos! Mientras esperas que tus mu***os regresen como si no hubieran mu**to, les impides volver de otra manera, a ocupar un lugar en tu corazón y en tu recuerdo. Es una ley de la vida: No se goza el despertar de la aurora sin pasar por la muerte del ocaso.
No te ates con el dolor a tu pasado. Camina con la luz de la esperanza hacia el futuro. Tus mu***os se van por una puerta, que tú no puedes trasponer ¡ahora! porque se cerró tras ellos. ¡No los esperes ahí...! Despídelos, para que puedas correr y espéralos llegar por otra puerta, ¡al final de tu duelo!
¡Deja de culparte! Que si le hubiera dicho... Que si le hubiera hecho... Que si hubiera sabido... Que si... ¡Todas torturas, inútiles para ellos y crueles para contigo! Además, "si hubiera sido así", "si hubieras hecho eso..." hoy te reprocharías no haber hecho lo contrario. ¡Acepta la muerte, y punto! La luz de la fe puede alumbrar tu camino, para que veas más allá de la muerte.
No te sientas obligado a sentir todo esto en los comienzos de tu duelo. Prueba si puedes decirlo y sentirlo. Lo que parece imposible hoy lo verás alcanzado mañana. Respeta tu tiempo y tu ritmo.
Carta para despedir a un ser querido fallecido:
(te recomiendo hacerla de puño y letra)
Te amé y te amo, por eso tu partida me hace sentir tu ausencia y te recuerdo con dolor y pena. Acepto tu derecho a partir, a tu hora y sin mi consentimiento. Acepto mi dolor al extrañarte y este enojo inexplicable, porque al partir me abandonaste. Sé que no fui perfecto contigo, hice lo que me fue posible, por eso quiero despedirte sin quedarme con culpas por el pasado. Sé que no fuiste perfecto, pero no te culpo por nada; fue tu vida, hiciste lo que te fue posible, y no quiero vivir reprochándote culpas que ya no sientes. Te extraño, y me parece imposible poder vivir sin tu presencia. Porque te amé llegué a necesitarte; y ahora quiero aprender a amarte sin necesitar tenerte a mi lado; quiero que mi amor no muera sino que madure y crezca. Y aunque sienta que te necesito, sé que no te necesito porque mi vida tiene su autonomía y su propia consistencia, tan claramente como sé que viví antes de conocerte y que podré vivir cuando ya no te tengo. Si decidiste partir aquí estoy para despedirte. Nada ganaría con empecinarme en creer que no te fuiste. Me siento con derecho y con obligación de seguir mi vida. No quiero morir contigo, porque tú no ganarías nada, y no te mostraría con eso el amor que te he tenido sino cuánto te he necesitado.
Hoy te lloro triste y apenado, angustiado y deprimido, ¡y me lo permito así, porque así lo siento!, pero, y aunque me cuesta decírtelo, sé que mañana, muy pronto, volveré a vivir el gozo de la vida, llevando conmigo tu recuerdo y también tu compañía. Mientras te digo todo esto, me parece imposible que te hayas ido y busco inútilmente explicaciones. Mejor, acepto tu partida , y te despido.
🙏🫂
La muerte de un ser querido es algo que tarde o temprano tenemos que enfrentar Y por qué no... También te preparara para tu propia muerte.
Autor de Apoyo: René Juan Trossero
Adaptación y edición: Claus Tuchán Terapeuta