13/01/2026
Les quiero compartir el caso de un paciente que llegó a consulta por problemas de concentración, ansiedad y episodios nocturnos con gritos, tensión corporal y amnesia al despertar. Todo podía parecer ansiedad, depresión o incluso TDAH.
Pero cuando se mira solo una parte del cuadro, el diagnóstico se queda corto.
Al integrar antecedentes, historia de vida, pruebas neuropsicológicas y electroencefalograma, el panorama cambió por completo. El EEG mostró actividad paroxística fronto-temporal compatible con epilepsia del lóbulo temporal, y las pruebas objetivas revelaron un perfil cognitivo irregular en atención, vigilancia y memoria, imposible de explicar solo por lo emocional.
El diagnóstico final no fue uno solo: trastorno depresivo mayor, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno del espectro autista grado 1 con altas capacidades y epilepsia del lóbulo temporal.
Este es el riesgo de etiquetar rápido y el valor de una valoración integral. No todo lo que parece ansiedad lo es. A veces el problema no está en la actitud del paciente, sino en cómo está funcionando su cerebro.