01/01/2026
La puerta de la habitación del pequeño hospital se abrió lentamente, entró el médico y le dijo a la mamá: "ya está todo listo para el traslado de su hijo a la capital", ella se quedó en silencio y pensando.
Hacía cuatro días, un día como hoy, 1 de Enero había tenido por cesárea a su segundo hijo, aunque ese niño no los había dejado disfrutar las fiestas de fin de año, llegó con mucha alegría y júbilo; pero conforme pasaban los días, el pequeño hombrecito empezó a enfermar gravemente, a pesar del esfuerzo de los pediatras, no podían hacer nada, los recursos en esa pequeña ciudad de apenas 30 mil habitantes se agotaron y, con el pronóstico sombrío, le dijeron al papá, médico de profesión, que no había de otra más que trasladarlo a la capital, para ver si ahí podían salvarlo.
Asi, con el corazón partido por ver a su bebé que se les iba de este mundo, al entrar a la habitación, su esposa, convaleciente aún por la cesárea reciente, pero fuerte como el roble, le dice:
- "Ven, ven, acércate"
- "¿Qué pasó?"
- "No lo vamos a trasladar, nos lo vamos a llevar de alta voluntaria a la casa y ahí lo vamos a tratar tú y yo, tú serás su médico y yo su enfermera"
- "¿Estás segura?"
- "¿En qué mejores manos podrá estar que en la de sus padres y que además, su papá es médico y su mamá enfermera?"
- "Muy bien, así será"
Asi, con todos sus amigos médicos cuestionando lo que hacían, firmaron el alta voluntaria y se lo llevaron a casa, él le dió las indicaciones, puntuales y precisas, como si fuera un paciente más hospitalizado y ella, siguió las mismas al pie de la letra, cómo lo hacen las enfermeras comprometidas con su profesión; pero con un extra muy a favor, con un trato y amor que no había tenido el bebé, el contacto del baño al sentir las manos de la mamá, los cantos que ella le hacía y hasta el arrullo, seguramente influyeron en la lucha que el pequeño libraba.
¿Los resultados?, al 1er día, los signos vitales empezaron a mejorar, al 2do cambió la coloración de su piel y la anasarca (edema de piel generalizado) que tenía empezó a ceder, al 3er día, era otro niño y así, siguieron los días hasta la cura definitiva.
¿Qué pasó?, no puedo decir, ¿mal manejo médico inicial?, no creo; pero no tengo duda que fue factor clave el amor que el niño experimentó al cambio de tratamiento y que, me hace pensar, hoy en día, que el buen trato que el personal de salud debe tener con los enfermos, es esencial para una mejor recuperación o, si no es posible salvarle, para hacerle mejor los últimos momentos de vida, ser empáticos es primordial.
Pero, ¿y el niño?, bueno, han pasado casi 54 años de ese evento. Hoy 1 de Enero, ese bebé que estuvo a punto de morir, está cumpliendo 54 años, es un guerrero que aunque ahora padece una enfermedad que le ha minado fuerzas, sigue estando de pie, dando ejemplo de vida a quien le rodea, a sus hijos y a mi, pues puedo decir con orgullo que aquel pequeño bebé, es mi hermano Hector Duarte Tagles, uno de mis ejemplos a seguir y orgullo y por consiguiente, ese médico y enfermera que le salvaron, mis papás, Juan Miguel y Sylvia Carmen y a quienes aun tengo la dicha de tenerlos y decirles: los quiero.
Les deseo a todos, que los problemas no sean tan grandes que impidan ver qué siempre hay una esperanza; seamos empáticos con los demás, a pesar de nuestras diferencias y construyamos un mejor entorno.
¡Feliz año 2026!
(imagen creada por IA)