03/03/2026
No son mujeres caprichosas.
No son egoístas.
No están locas.
No son irresponsables ni ponen sus deseos por encima de la salud de sus bebés.
¿De verdad alguien puede creer que una madre, en su sano juicio, desearía hacerle daño a su hijo?
¿No es, acaso, la madre la persona más interesada en que su bebé nazca sano y sea feliz?
Lo que sí resulta egoísta, paternalista y profundamente injusto es cuestionar la capacidad de las mujeres para decidir sobre sus propios partos. Como si siempre fuéramos las culpables. Como si no fuéramos lo suficientemente adultas, responsables o informadas para elegir. Como si fuéramos inconscientes. Irresponsables.
Déjame decirlo claro: las mujeres que eligen parir en casa son mujeres adultas, responsables, educadas e informadas. Mujeres que conocen los riesgos y deciden, con plena conciencia, cuáles están dispuestas a asumir. Mujeres que creen, con convicción y amor, que están ofreciendo a sus hijos el mejor comienzo posible.
Son mujeres que confían en su cuerpo, en su naturaleza y en sus bebés. Mujeres fuertes, que no eligen desde el miedo, sino desde la confianza y el amor. Mujeres que entienden que la decisión es suya y asumen esa responsabilidad con madurez.
Mujeres que, como la inmensa mayoría de las madres, desean una sola cosa: la bienvenida más segura, respetuosa y amorosa para sus hijos.
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