01/02/2026
Esclavo de la rutina!!!
"Hola, soy Andrés. Tengo 30 años, pero hace unos meses, si me hubieras preguntado, te habría dicho que me sentía de 60.
Mi vida era un ciclo eterno: turnos de 10 horas que cambiaban cada semana y casi 3 horas diarias frente al volante para ir y volver del trabajo. Vivía cansado, pero lo peor no era el sueño. Lo peor era ese hormigueo en mis manos mientras manejaba y despertarme a medianoche empapado en sudor, con el corazón latiendo a mil pensando: '¿Esto es todo? ¿Así va a ser mi vida de ahora en adelante?'.
Vengo de una familia donde la diabetes ha hecho mucho daño y cuando el Doctor me dijo que mis triglicéridos estaban en 700 ,que tenía hígado graso y peor resistencia a la.insulina, me vi igual que mis tios y mi papá.
De nada vale trabajar duro para salir adelante si mi cuerpo me esta abandonando.
Me tomaba mis medicinas, sí, pero seguía sintiéndome mal. Comía lo que encontraba en la calle porque 'no había de otra' y sentía una culpa tremenda ya no sabia como podía mejorar.
Asi que decidí ir al Nutriologo,
Llegué a la consulta con más dudas que esperanzas. Le dije a mi nutrióloga: 'No tengo horarios, como en la calle y paso medio día en el tráfico. ¿De verdad puedes ayudarme?
No me dio una dieta de revista, me dio un plan de vida. Aprendí a organizar mis comidas según mis turnos y a elegir mejor incluso en los puestos de la calle. Por primera vez, alguien no me regañó por mi estilo de vida, sino que me enseñó a vivir bien apesar de.
Al mes, pasó algo que no tiene precio: volví a dormir como no lo.hacia desde hace años . Ese insomnio terrible se fue, y con él, el hormigueo. Empecé a llegar a casa con energía para algo más que solo tirarme al sillón.
A los tres meses, volvimos a hacer estudios. Cuando vi mis trigliceridos estaban muy cerca de lo normal (170 mg/dl) y mi resistencia a la insulina ya se habia ido, casi me pongo a llorar en el laboratorio, No eran solo números; era la certeza de que no iba a terminar como mis familiares. Había recuperado mi futuro."
"A veces pensamos que somos esclavos de nuestra rutina, pero la comida es la única herramienta que tenemos para proteger nuestra libertad. No esperes a