25/04/2026
“No todo es autismo: cuando la historia empieza antes”
Cada vez veo más niños con antecedentes de hipoxia perinatal que llegan al consultorio con un rótulo de TEA.
Y no… no siempre es así.
Hay algo que no estamos mirando:
el impacto del estrés oxidativo sistémico que se genera desde el inicio.
La hipoxia no afecta solo al cerebro.
Activa una cascada biológica compleja:
— Aumento de radicales libres
— Disminución de defensas antioxidantes
— Daño mitocondrial
— Inflamación sostenida
Y esto no queda “encerrado” en el sistema nervioso.
¿Qué pasa en el resto del cuerpo?
🔹 Riñón
El riñón es altamente sensible a la hipoxia.
Puede haber alteraciones en la regulación de electrolitos, equilibrio ácido-base y eliminación de metabolitos.
Esto impacta directamente en el medio interno donde funcionan las neuronas.
🔹 Intestino (el gran olvidado)
La hipoxia altera la barrera intestinal.
— Aumento de permeabilidad
— Disbiosis
— Inflamación crónica de bajo grado
¿El resultado?
Mala absorción de nutrientes clave.
Y acá empieza un círculo que muchos no están viendo:
👉 Menor absorción de aminoácidos
👉 Déficit de cofactores (zinc, hierro, vitaminas)
👉 Alteración en la síntesis de neurotransmisores
Porque los neurotransmisores no “aparecen”:
se construyen a partir de lo que el cuerpo puede absorber y procesar.
🔹 Sistema nervioso
Sí, hay impacto cerebral.
Pero muchas veces lo que vemos como “conducta autista” es la expresión final de:
— Disregulación neuroquímica
— Inflamación
— Déficit metabólico
No siempre es un trastorno del neurodesarrollo primario.
Entonces… ¿qué estamos diagnosticando?
Si no revisamos:
✔ Historia perinatal
✔ Estado metabólico
✔ Función intestinal
✔ Marcadores de estrés oxidativo
Corremos el riesgo de tratar síntomas conductuales sin entender la causa.