17/11/2021
Hola, bonito miércoles. Este día quiero compartirles una anécdota...
Y DE PRONTO MI CASA SE CONVIRTIÓ EN GUARDERÍA
Hace unas semanas llegó a mi consultorio una abuela abrumada, ¿Cómo crees que te puedo ayudar? le pregunté. Ella explotó en llanto, se secó las lágrimas y me respondió:
“Soy mamá de dos hijas y de ellas ya tengo tres nietos: una chiquita que va a cumplir dos años y los otros dos hombrecitos de 5 y 6 años; mis hijas son madres trabajadoras, al igual que yo lo fui. Cuando inició la pandemia ambas solicitaron mi apoyo temporal, ya que cerraron la guardería, el jardín de niños y la primaria a las que acudían mis nietos y yo espontáneamente dije que sí, que contaran conmigo, que me vendría muy bien cuidarlos. Cuando ofrecí mi apoyo no era consciente del tiempo que duraría el confinamiento y de todas las medidas sanitarias; tampoco lo era de las otras implicaciones. Ahora me siento culpable porque últimamente me irrito con mucha facilidad… ¿y sabe?… de verdad quiero a mis nietos, los amo con todo mi corazón, pero mi casa se encuentra invadida de pañales, carriola, juguetes, risas, ruidos, llantos, pleitos y otras nimiedades; he tenido que quitar adornos que puedan quebrarse; cerrar cajones con cordoncitos y quitar la mesa de centro para acondicionarles espacio para las tareas escolares…. el día se me va en la nada,…por favor no vaya usted a creer que no los disfruto, por supuesto que sí, pero me siento abrumada y al mismo tiempo culpable,
porque sé que debería de hacerlo mejor. Me siento estresada, culpable y de verdad no sé que hacer… yo también fui mamá trabajadora y soy muy consciente de lo que significaría para mis hijas que les negara mi apoyo”
Ese fue el relato de Silvia de 65 años, burócrata jubilada desde hace 4 años.
A mí se me quedaron muchas preguntas sin responder, por ejemplo: ¿Qué hubiera sido de las y los niños en México si no hubiera habido abuelas, dispuestas a cuidarlos?
¿Quién o cómo se reconoce el trabajo de cuidar a otros?
¿Qué políticas públicas deberían de haberse generado ante la incorporación de las mujeres al trabajo asalariado para democratizar el cuidado (de niñas y niños, de personas adultas mayores o con discapacidad, etc.) y especialmente ante la contingencia sanitaria para no sobrecargar a las mujeres?
¿Qué tan justo es que Silvia, además de cuidar de sus nietos, se sienta culpable y estresada por no hacerlo mejor?
Esas y otras preguntas vinieron a mi mente…
Y a ti ¿Qué te hace pensar?
Estaremos atentos a tus comentarios; si te gustó la anécdota regálanos un me gusta y compártelo, así crecerá la comunidad de caminantes.
MUCHAS GRACIAS y nos vemos en la próxima.
Saludos cordiales,
Elizabeth Herrera