19/11/2025
Si miramos Frankenstein con los ojos de la psicología y con la sensibilidad de Guillermo del Toro, la historia deja de ser un cuento de terror y se convierte en una metáfora dolorosamente humana: nadie nace monstruo; nos volvemos monstruo cuando lo que debería abrazarnos nos suelta.
La Criatura (como muchos pacientes con trauma complejo) llega al mundo sin herramientas, sin lenguaje, sin historia… y con una necesidad inmensa de ser visto. Pero lo primero que encuentra es rechazo. Su creador, la figura que debía darle sostén, contención y sentido, lo abandona.
Y en ese abandono temprano nace lo monstruoso: no en su cuerpo, sino en su herida.
El trauma complejo se parece mucho a eso:
una vida que empieza sin un otro regulador, sin un adulto que nombre, que vea, que calme, que enseñe a existir. Cuando nadie nos dice “aquí estás a salvo”, la mente aprende a sobrevivir, no a vincularse.
Y sobrevivir tiene un costo.
La Criatura intenta acercarse, busca pertenecer, copia gestos humanos como un niño que intenta comprender el amor desde afuera de la ventana. Pero cada puerta que toca se cierra.
Ese rechazo repetido (caldo de cultivo del Trastorno de Estrés Postraumático Complejo) es lo que lo rompe, no la ciencia que lo creó.
Del Toro diría que el verdadero terror no es el monstruo que vemos, sino la incapacidad humana para abrazar lo diferente, lo herido, lo que necesita demasiado.
Y la psicología lo confirma: el dolor no procesado se convierte en impulsividad, en hipervigilancia, en rabia que no sabe nombrarse.
A veces en violencia. Otras en soledad.
Al final, la tragedia de Frankenstein no es la existencia de la Criatura. La tragedia es que nunca tuvo un lugar donde aprender a ser humano.
Y quizá esa sea la invitación para nosotros:
ver al “monstruo” en otros, y en nosotros mismos, no como algo que temer, sino como un rastro de una herida que pide ser vista.
Porque donde hubo abandono, el vínculo puede reparar.
Y donde hubo caos, la presencia compasiva puede volver a organizar lo que parecía perdido, por eso decimos que el trauma complejo se rehabilita cuando se logran establecer vínculos seguros, cuándo es posible habitar el mundo y el cuerpo sin temor.
Creditos: . Laura Talavera