23/12/2025
El cuerpo registra antes de que puedas explicarlo.
Mucho antes de que aparezcan las palabras, ya hay una respuesta: tensión, cansancio, silencio interno, o calma.
Las relaciones no solo se viven; también se sienten en el sistema nervioso.
Por eso no todos los vínculos impactan igual, incluso cuando no hay conflicto evidente.
Hay encuentros que regulan y otros que desorganizan.
No porque alguien sea “bueno” o “malo”, sino porque las dinámicas, los ritmos y las demandas no siempre son compatibles.
Cuando una interacción te deja exhausto, hiperalerta o desconectado, no es debilidad.
Es información.
Y aprender a escucharla cambia profundamente la manera de vincularte.
Sostener espacios que drenan suele venir acompañado de justificaciones internas:
la lealtad, la costumbre, la culpa, la idea de que deberías poder con todo.
Pero el cuerpo no negocia con esas narrativas.
Elegir con conciencia es reconocer límites reales.
No los ideales, no los que “deberían ser”, sino los que hoy existen.
Acompañar no implica absorber.
Escuchar no requiere anularte.
Y amar no debería sentirse como una carga constante.
Cuando empiezas a respetar tu energía, disminuye la sensación de responsabilidad excesiva.
Aparece más claridad, más presencia, más espacio interno.
Poner límites no es cerrar el corazón.
Es darle una forma habitable.
Tu bienestar no necesita justificarse.
Es una base, no un premio.
Y desde ahí, los vínculos dejan de ser un esfuerzo
y empiezan a convertirse en espacios donde puedes estar completo.
Con amor
Stephany Bricoöl