20/03/2026
*La pérdida de un padre o de una madre: El Duelo Parental*
La pérdida de un padre o de una madre constituye una de las experiencias más profundas y desestabilizadoras en la vida humana. Más allá del hecho biológico de la muerte, esta vivencia implica una ruptura simbólica en la estructura afectiva, identitaria y existencial del individuo. Afrontar esta pérdida no es un proceso lineal ni universal, sino una travesía compleja que articula factores psicológicos, culturales, sociales y espirituales. Este ensayo propone un análisis crítico sobre las formas de afrontar la muerte parental, cuestionando modelos tradicionales del duelo y explorando alternativas contemporáneas de acompañamiento y resignificación.
Desde una perspectiva clásica, el duelo ha sido entendido como un proceso estructurado en etapas, como lo plantea el modelo de las cinco fases: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Si bien este enfoque ha sido ampliamente difundido, resulta limitado en tanto sugiere una progresión lineal que no corresponde a la experiencia real de muchas personas. El duelo por la pérdida de un padre o una madre no sigue necesariamente una secuencia ordenada; por el contrario, es frecuente que las emociones emerjan de manera cíclica, ambivalente y, en ocasiones, contradictoria. La rigidez de estos modelos puede generar expectativas irreales y sentimientos de inadecuación en quienes no “avanzan” conforme a lo esperado.
En el plano psicológico, la muerte de los progenitores confronta al individuo con su propia finitud. La figura parental no solo cumple funciones de cuidado y protección, sino que también encarna un referente simbólico de origen, pertenencia y continuidad. Su pérdida puede desencadenar una crisis de identidad, particularmente en etapas como la adultez media, donde la muerte de los padres marca un tránsito hacia una posición generacional distinta. En este sentido, el duelo no es únicamente la reacción a una ausencia, sino también una reconfiguración del yo.
El afrontamiento de esta pérdida está profundamente mediado por el contexto sociocultural. En sociedades donde la muerte es un tema silenciado o evitado, los dolientes suelen experimentar su dolor en soledad, sin herramientas simbólicas suficientes para procesarlo. Por el contrario, culturas que integran rituales, narrativas y prácticas comunitarias en torno a la muerte ofrecen un sostén más sólido para la elaboración del duelo. Esto sugiere que el acompañamiento social no es un elemento accesorio, sino central en el proceso de afrontamiento.
En términos críticos, es necesario cuestionar la tendencia contemporánea a patologizar el duelo. La tristeza, la nostalgia, la confusión e incluso la ira son respuestas humanas legítimas ante la pérdida. No obstante, en ciertos contextos clínicos, estas manifestaciones son rápidamente etiquetadas como síntomas de trastornos, lo cual puede invisibilizar la dimensión existencial del sufrimiento. El riesgo radica en reducir el duelo a un problema a “resolver” en lugar de reconocerlo como un proceso que requiere ser transitado y significado.
Afrontar la pérdida de un padre o una madre implica, en última instancia, una tarea de reconstrucción simbólica. Esto no significa olvidar ni “superar” la pérdida, sino integrarla en la narrativa personal. La memoria, en este sentido, se convierte en un recurso fundamental: recordar no como anclaje en el dolor, sino como una forma de preservar el vínculo en una dimensión distinta. La continuidad del lazo afectivo, aun en ausencia física, desafía la idea de que la muerte implica una ruptura total.
Asimismo, el desarrollo de estrategias de afrontamiento adaptativas resulta crucial. Estas pueden incluir la expresión emocional, la búsqueda de apoyo social, la elaboración de rituales personales, la escritura, la terapia psicológica y la espiritualidad, entre otras. Sin embargo, es importante reconocer que no existe una fórmula universal; cada individuo construye su propio camino en función de su historia, sus creencias y sus recursos internos.
En conclusión, la pérdida de un padre o de una madre es una experiencia que desborda cualquier intento de simplificación. Afrontarla requiere no solo de herramientas psicológicas, sino también de un entorno que valide el dolor y permita su expresión. Desde una mirada crítica, es necesario superar modelos rígidos y patologizantes del duelo, promoviendo en su lugar una comprensión más amplia, flexible y humanizada. El duelo no es un proceso que se cierra, sino una transformación que acompaña al individuo a lo largo de su vida, recordándole que, incluso en la pérdida, persiste la posibilidad de construir sentido.
Pablo Lorenzo García
Centro Vioss