Mario Mancillas

Mario Mancillas Temas sobre parejas, vida cotidiana, paternidad y más
Conferencias, Talleres, Psicoterapia y Capaci

Ese día parecía cualquier otro.Llegó de la escuela, dejó la mochila en el sillón y pasó junto a mí.—¿Cómo te fue? —le pr...
31/03/2026

Ese día parecía cualquier otro.

Llegó de la escuela, dejó la mochila en el sillón y pasó junto a mí.

—¿Cómo te fue? —le pregunté, sin despegar los ojos del celular, respondiendo un mensaje.

Se detuvo.

—Bien.

Asentí.

—Qué bueno.

Pero antes de subir a su cuarto, hizo algo que no era tan común.

Se quedó ahí.

Como esperando.

—Papá…

—¿Sí?

Dudó.

—Es que hoy en la escuela…

En ese momento bajé la mirada al celular otra vez.

—Ahorita no, dame tantito tiempo… al rato vemos eso, ¿va?

Silencio.

Se quedó unos segundos más.

Como si todavía estuviera decidiendo si insistir.

Nunca volvimos a ese “luego”.

Esa noche cenó con nosotros.
Respondió lo de siempre.
Se fue a su cuarto.

Y yo… no pensé que fuera importante.

Me dije lo que muchos se dicen:

Que es una etapa.
Que así son los adolescentes.
Que mientras no haya problemas… todo está bien.

Pasaron días.

Luego semanas.

Y algo cambió.

Dejó de detenerse cuando pasaba junto a mí.
Dejó de intentar decir “papá…”.

Solo respondía.

“Bien.”
“Nada.”
“No.”

Hasta que un día entré a su cuarto.

Estaba sentado en la cama, viendo su celular.

—Oye… hace mucho que no platicamos.

—Sí.

Me senté.

—Antes me contabas todo.

Silencio.

—¿Te pasa algo?

Entonces levantó la mirada.

No estaba enojado.
No estaba triste.

Estaba… lejos.

—Sé me pasa algo y sí te dije.

Sentí un vacío en el estómago.

—¿Cuándo?

—Ese día…

Hizo una pausa.

—Cuando te dije “papá…”
—Cuando te dije que en la escuela…

No terminó la frase.

No hacía falta.

—Pero estabas ocupado…

Bajó la mirada.

—Y ya no quise volver a decirlo.

No hubo reclamo.
No hubo enojo.
No hubo drama.

Solo una frase.

Y un silencio que dijo todo lo demás.

Y en ese momento entendí algo que no había querido ver:

No es que los hijos dejen de hablar…
es que dejan de intentar.

Y cuando dejan de intentar,
no siempre lo vuelven a hacer.

Porque a veces no se necesita una gran herida para alejarse…

A veces basta con un momento
en el que alguien quiso hablar…

y no fue escuchado.

Y tú…
¿te darías cuenta a tiempo?

Hay personas que no necesitan que alguien más les exija…porque ya traen una voz interna que no descansa.Una voz que dice...
31/03/2026

Hay personas que no necesitan que alguien más les exija…

porque ya traen una voz interna que no descansa.

Una voz que dice:
“Hazlo mejor.”
“No es suficiente.”
“Podrías haber dado más.”

Y lo preocupante es que, con el tiempo,
deja de sentirse como exigencia…

y empieza a sentirse como identidad.

Eso tiene un nombre:

La autoexigencia emocional.

No es lo mismo que disciplina.

La disciplina te organiza.
La autoexigencia te desgasta.

La disciplina te impulsa.
La autoexigencia te persigue.

La disciplina respeta tus límites.
La autoexigencia los ignora.

Desde un punto de vista clínico,
la autoexigencia emocional suele construirse en historias donde equivocarse no era opción,
donde el reconocimiento dependía del desempeño,
o donde aprendiste que tu valor estaba en lo que hacías… no en quién eras.

Por eso, aunque logres cosas,
aunque avances,
aunque “todo vaya bien”…

hay una sensación constante de no ser suficiente.

Y eso cansa.

Pero hay algo importante que pocas veces se dice:

No necesitas exigirte más para valer más.

A veces, lo que necesitas…
es aprender a tratarte distinto cuando no alcanzas lo que esperabas.

Porque no todo lo que te empuja hacia adelante…
te está cuidando.

Y no todo lo que te exige…
te está ayudando.

Tal vez la pregunta no es:
“¿Cómo doy más?”

Tal vez es:
“¿Por qué siento que nunca es suficiente?”

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Hay una confusión silenciosa que está costando mucho más de lo que parece:No saber a quién acudir… cuando algo ya no est...
30/03/2026

Hay una confusión silenciosa que está costando mucho más de lo que parece:

No saber a quién acudir… cuando algo ya no está bien.

Y no, no es un tema menor.
Porque elegir mal no solo retrasa el proceso…
también puede hacerte sentir que “nada funciona”.

Aquí va una forma clara, humana y útil de entenderlo:

Cuándo acudir con un psicólogo

Cuando lo que duele… tiene historia.

• Te sientes ansioso, triste o enojado, pero puedes identificar situaciones que lo detonan
• Repites patrones en relaciones, decisiones o emociones
• Has vivido experiencias que no terminas de procesar
• Sientes que “algo no está bien”, aunque no sabes explicarlo del todo
• Quieres entenderte, cambiar o sanar desde la raíz

El trabajo aquí no es solo aliviar…
es comprender, resignificar y transformar.

No se trata de “quitar síntomas” rápido.
Se trata de que lo que hoy te duele… deje de gobernar tu vida.

Cuándo acudir con un psiquiatra

Cuando lo que pasa… empieza a rebasar tu capacidad de sostenerlo.

• Crisis de ansiedad o depresión muy intensas
• Pensamientos suicidas o de daño hacia ti mismo
• Insomnio severo o cambios extremos en el sueño
• Cambios bruscos en energía, conducta o percepción de la realidad
• Cuando ya estás en terapia… pero el malestar no disminuye

Aquí puede ser necesario un abordaje médico.
En algunos casos, la medicación no es una opción “extrema”…
es una herramienta que estabiliza lo suficiente para poder trabajar después lo profundo.

Lo que casi nadie te dice

No es uno u otro.

Muchas veces… es ambos.

El psiquiatra puede ayudarte a recuperar estabilidad.
El psicólogo puede ayudarte a reconstruir tu historia.

Uno regula el sistema.
El otro le da sentido a lo que viviste.

Una forma sencilla de decidir

Si puedes hablar de lo que te pasa… empieza con psicoterapia.
Si lo que sientes ya no te deja funcionar… busca también valoración psiquiátrica.

Y algo importante

Ir a uno u otro no significa que estás “más grave” o “menos grave”.

Significa que estás haciendo algo que muchos evitan:
hacerte cargo.

Al final, no se trata de etiquetas.
Se trata de no quedarte solo con lo que te duele.



Si esto te hizo sentido, compártelo.
Puede ser justo lo que alguien necesitaba leer hoy.

Hay niños que no saben poner en palabras lo que les pasa…pero su cuerpo sí.Dolores de estómago sin causa médica clara.Ca...
30/03/2026

Hay niños que no saben poner en palabras lo que les pasa…

pero su cuerpo sí.

Dolores de estómago sin causa médica clara.
Cansancio constante.
Molestias que aparecen justo antes de ir a la escuela… o cuando algo emocional se vuelve demasiado.

Y entonces empieza la confusión:

¿Es físico… o es emocional?

En el número 42 de Cerebro y Corazón entramos a este tema con profundidad clínica y mirada humana:

Niños que somatizan.

No como diagnóstico frío…
sino como una forma de entender lo que el niño no ha podido decir.

En la sección ampliada vas a encontrar algo que va más allá de la reflexión:

Un caso clínico que te permite ver cómo se presenta realmente en consulta.
Una guía de intervención que te orienta paso a paso cuando el caso se vuelve complejo.
Y una ficha clínica pensada para llevar todo esto directamente a la práctica.

No es solo contenido.

Es material que puede acompañarte en tu trabajo terapéutico.

Si trabajas con niños, si acompañas familias… o si alguna vez te has preguntado qué hay detrás de estos síntomas, este número es para ti.

Las ligas se encuentran en los comentarios.

No fue que no pudiera hacerle daño.De hecho…sabía exactamente cómo hacerlo.Qué decir.Dónde tocar.Cómo devolver lo que le...
29/03/2026

No fue que no pudiera hacerle daño.

De hecho…
sabía exactamente cómo hacerlo.

Qué decir.
Dónde tocar.
Cómo devolver lo que le hicieron.

Y por un momento…
lo consideró.

Porque dolía.

Pero algo cambió.

No afuera.
Adentro.

Entendió que responder así
no lo hacía más fuerte.

Lo hacía igual.

Y entonces hizo algo que casi nadie ve:

Se detuvo.

No respondió.
No hirió.
No necesitó ganar.

No porque no pudiera…
sino porque ya no quiso convertirse en eso.

A veces la mayor victoria
no es devolver el golpe.

Es darte cuenta de que podrías hacerlo…
y elegir no hacerlo.

Hermoso Domingo de Ramos!!!
29/03/2026

Hermoso Domingo de Ramos!!!

Hay decisiones que parecen pequeñas…hasta que pasan los años.Hace unos días, frente a un grupo de jóvenes en la Expo Uni...
28/03/2026

Hay decisiones que parecen pequeñas…
hasta que pasan los años.

Hace unos días, frente a un grupo de jóvenes en la Expo Universidad 2026 de Juan José Ríos, vi algo que no siempre se dice en voz alta:
miradas llenas de duda… pero también de posibilidad.

Algunos ya sabían qué querían.
Otros estaban ahí, en ese punto incómodo donde elegir da miedo.

Y en medio de todo eso, surgió una idea sencilla… pero poderosa:

Si tienes la oportunidad de estudiar, valóralo.

No por el título.
No por la foto de graduación.
No por cumplir con lo que otros esperan.

Sino porque la universidad hace algo más profundo:

Te entrena para sostener lo que empiezas.
Te enseña a seguir, incluso cuando ya no tienes ganas.
Te enfrenta contigo mismo… y con la versión de ti que puedes llegar a ser.

La disciplina que ahí construyes
no se queda en el aula.

Se queda en tu forma de vivir.

Porque no se trata solo de elegir una carrera…
se trata de empezar a construir el tipo de persona que vas a ser cuando las cosas se pongan difíciles.

Y eso…
no viene en el plan de estudios.

Viene en cada decisión que tomas cuando nadie te está viendo.

Hoy, si estás en ese momento de elegir,
no solo te preguntes “¿qué quiero estudiar?”

Pregúntate algo más importante:

¿En quién me quiero convertir?

Porque hay decisiones…
que no solo cambian tu camino.

Cambian quién eres mientras lo recorres.

Hay niños que no saben explicar lo que sienten…pero lo muestran todos los días.En su conducta.En su silencio.En su forma...
28/03/2026

Hay niños que no saben explicar lo que sienten…
pero lo muestran todos los días.

En su conducta.
En su silencio.
En su forma de “portarse mal”.

Y entonces pasa algo que duele más de lo que parece:

Se les corrige…
cuando en realidad están pidiendo ser comprendidos.

No todos los niños que interrumpen… quieren llamar la atención.
No todos los que se aíslan… quieren estar solos.
No todos los que se enojan… son “difíciles”.

Algunos están cargando cosas que todavía no saben nombrar.

Y cuando un adulto deja de preguntar
“¿qué tiene?”
y empieza a preguntarse
“¿qué le está pasando?”

algo cambia.

A veces no es el niño el que necesita cambiar primero…
es la forma en que lo estamos mirando.

¿Cuántas veces corregimos…
cuando lo que hacía falta era comprender?

Hay historias que no empiezan cuando algo se rompe.Empiezan cuando ya es demasiado tarde para repararlo…o eso creemos.“V...
28/03/2026

Hay historias que no empiezan cuando algo se rompe.
Empiezan cuando ya es demasiado tarde para repararlo…
o eso creemos.

“Vivir dos veces”

Un hombre comienza a olvidar.
Pero no cualquier cosa.

Empieza a perder los nombres, los lugares…
y poco a poco, también la forma en la que ha vivido.

Antes de que su memoria se desdibuje por completo, decide hacer algo que nunca hizo cuando tenía tiempo:

Buscar a la mujer que amó.

No va solo.
Lo acompaña su hija… con quien no tiene la mejor relación.
Y su nieta… que aún no carga con las heridas de los adultos.

Y ahí, en ese viaje, pasa algo que muchas familias conocen… pero pocas nombran:

No es la enfermedad lo que más duele.
Es todo lo que no se dijo antes de que llegara.

Porque a veces no es el olvido lo que rompe a una familia…
es el silencio que llevan años sosteniendo.

Esta historia toca algo muy humano y muy frecuente en consulta:

Personas que esperan a que algo grave ocurra…
para empezar a acercarse.

El deterioro cognitivo no solo afecta la memoria.
También obliga a los vínculos a reorganizarse.

Y ahí aparecen preguntas incómodas:

¿Nos queremos… o solo convivimos?
¿Nos conocemos… o solo compartimos historia?

Recomendamos esta película no por la enfermedad que muestra,
sino por lo que revela:

Que los vínculos no se reparan cuando hay tiempo…
se reparan cuando alguien se atreve.

Aunque ya sea tarde.
Aunque no sea perfecto.
Aunque no alcance.

Cierre

A veces creemos que tenemos toda la vida para decir lo importante.

Hasta que un día… ya no recordamos qué era.

Y sí… esto incomoda a mucha gente.Porque suena profundo.Suena sanador.Suena a que “estás haciendo algo contigo”.Pero no ...
27/03/2026

Y sí… esto incomoda a mucha gente.

Porque suena profundo.
Suena sanador.
Suena a que “estás haciendo algo contigo”.

Pero no es lo mismo.

Hay una diferencia importante que pocas veces se dice:

Hablar con tu niño interior puede ser un ejercicio simbólico útil…
pero por sí solo no repara trauma,
no reorganiza tu historia emocional,
ni modifica patrones relacionales arraigados.

Aquí es donde se genera la confusión.

Hoy en redes, muchas prácticas se presentan como si fueran terapia completa, cuando en realidad son herramientas aisladas.

Y una herramienta no es un proceso.

Una carta no es una relación terapéutica.
Una visualización no sustituye el vínculo clínico.
Un ejercicio emocional no reemplaza un trabajo profundo y sostenido.

La psicoterapia implica un proceso estructurado, con objetivos, evaluación, vínculo terapéutico y seguimiento. No es un acto puntual ni una técnica suelta.

Suposición frecuente (pero equivocada):
“Si ya hice este ejercicio, ya sané esa parte de mí.”

Interpretación clínica:
Muchas personas no están evitando sanar…
están usando lo único que conocen.

Y eso no se critica.
Se comprende… pero también se aclara.

Porque si no, se crea una ilusión peligrosa:
creer que ya trabajaste algo que en realidad sigue ahí, repitiéndose en tus vínculos, decisiones y emociones.

Ahora, lo importante:

No se trata de desacreditar estas herramientas.
Se trata de ponerlas en su lugar.

Pueden ser un inicio.
Pueden abrir algo.
Pueden acercarte.

Pero no sustituyen un proceso terapéutico real.

¿Cuántas cosas más creemos que son “psicología”…
pero en realidad son versiones simplificadas de algo mucho más profundo?

Hay algo que duele más que una discusión.El silencio.Ese mensaje que no llega.Esa conversación que se queda a medias.Esa...
27/03/2026

Hay algo que duele más que una discusión.

El silencio.

Ese mensaje que no llega.
Esa conversación que se queda a medias.
Esa sensación de que algo cambió… pero no sabes exactamente qué.

Y entonces empiezas a pensar:

¿Hice algo mal?
¿Ya no le importo?
¿Por qué se alejó?

Pero… ¿y si no te está ignorando?

¿Y si en realidad… te está evitando?

En el Número 41 de Cerebro y Corazón hablamos de algo que pasa en muchas relaciones… pero que pocas veces se entiende bien:

La evitación emocional.

Por qué algunas personas se alejan justo cuando más se necesita cercanía.
Qué hay detrás del silencio.
Y qué puedes hacer tú… sin empeorar la distancia.

Porque entender esto puede cambiar por completo la forma en la que interpretas lo que estás viviendo.

La liga está en los comentarios.

Hay momentos en los que no pierdes una relación por lo que pasó…la pierdes por lo que hiciste en los siguientes segundos...
27/03/2026

Hay momentos en los que no pierdes una relación por lo que pasó…
la pierdes por lo que hiciste en los siguientes segundos.

Un mensaje respondido con enojo.
Una palabra dicha sin pensar.
Una reacción que después… ya no puedes recoger.

Aquí hay una técnica sencilla, pero profundamente efectiva:

La regla de los 90 segundos.

Cuando sientas una emoción intensa —enojo, ansiedad, celos—
haz algo que parece pequeño, pero cambia todo:

Detente.

No respondas.
No escribas.
No tomes decisiones.

Solo observa lo que está pasando en tu cuerpo:
tu respiración, tu tensión, tu impulso de reaccionar.

Espera 90 segundos.

Nada más.

Lo que pocas personas saben es esto:

La emoción sube como una ola…
pero si no la alimentas con pensamientos, baja por sí sola.

Y cuando baja, tú vuelves.

No el que reacciona.
El que decide.

No se trata de reprimir lo que sientes.
Se trata de no dejar que ese momento decida por ti.

Porque hay errores que duran segundos…
pero consecuencias que duran años.

Hoy intenta esto:

La próxima vez que algo te detone,
no te defiendas de inmediato.

Date 90 segundos.

A veces, eso es lo único que necesitas
para no destruir algo que sí te importa.

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Villas De Monterrey 2231
Los Mochis
81270

Teléfono

6681028006

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