03/02/2026
No siempre sanas cerrando una herida.
No siempre superas lo que te dolió.
Y eso también está bien.
Hay dolores que no se van porque no vinieron a romperte, sino a revelarte. Experiencias que no llegaron para ser borradas, sino para marcar el lugar exacto donde tu conciencia se volvió más amplia.
En Japón existe una filosofía hermosa: cuando algo se rompe, no se oculta la grieta. Se repara con oro. No para fingir que nunca se quebró, sino para reconocer que su historia forma parte de lo que es ahora.
Así también funciona la vida.
No todo lo que duele necesita desaparecer para que puedas crecer. A veces no sanas olvidando, sino integrando. Aprendiendo a vivir con eso sin que te defina, sin que te limite, sin que dirija tu camino.
Crecer no siempre es volver a ser como antes.
Muchas veces es aceptar que ya no eres el mismo…
y permitirte habitar esa versión con honestidad.
Como una raíz que no rompe la piedra, pero aprende a rodearla y seguir creciendo, tú también te expandes. No luchando contra lo que pasó, sino dándole un lugar justo dentro de tu historia.
Las grietas no te quitan valor.
Te enseñan profundidad.
Te enseñan presencia.
Te enseñan pausa.
No necesitas estar “completo” para avanzar.
No necesitas borrar tu pasado para florecer.
A veces, sanar no es arreglarte.
Es seguir creciendo sin negar lo que te formó. 🌿