02/03/2026
Hay algo que me parece profundamente revelador:
Normalizamos lo que nos duele…
pero nos cuesta muchísimo normalizar lo que nos hace bien.
Normalizamos decir:
“Estoy agotada, pero es normal.”
“Estoy inflamada, pero ya me acostumbré.”
“No tengo deseo, pero así pasa con la edad.”
“Vivo estresada, pero todas estamos igual.”
Lo repetimos tanto que deja de alarmarnos.
En cambio, cuando una mujer dice:
“Hoy decidí priorizarme.”
“Dije no.”
“Me hice estudios porque algo no se sentía bien.”
“Estoy descansando.”
“Estoy aprendiendo a hablarme bonito.”
Eso sí parece raro.
Eso sí parece exagerado.
Eso sí incomoda.
¿Por qué hemos hecho cotidiano el malestar y excepcional el autocuidado?
Como dermatóloga lo veo todos los días: la piel refleja años de cosas que se “normalizaron” hasta que el cuerpo dijo basta. Acné persistente, caída de cabello, inflamación, cambios hormonales… no siempre son “normales”, muchas veces son señales ignoradas.
Tal vez el verdadero cambio empieza aquí:
Dejar de normalizar lo que te apaga
y empezar a normalizar lo que te equilibra.
Que sea común no significa que sea sano.
Y cuidarte no debería sentirse extraordinario…
debería sentirse natural. 🤍