16/08/2022
Pareciera que ser saludable, o más bien, demostrar que estamos intentando ser saludables, es un requisito para ser tratados con respeto y dignidad. Además, se nos hace creer que siguiendo ciertos pasos específicos vamos a alcanzar la salud; como si ésta fuera un destino final, un lugar al que uno llega y ahí se instala.
Pero las cosas no son así. La salud no es algo estático. A lo largo de nuestra vida atravesamos etapas de mayor o menor salud y etapas de enfermedad. Somos seres vulnerables y susceptibles; y si bien es cierto que hay conductas que pueden ayudarnos a prevenir la enfermedad, la mayor parte de los determinantes de nuestra salud están fuera de nuestro control.
Pero más allá de todo esto, es importante reconocer que la salud no tiene valor moral. La cultura capacitista en que vivimos otorga mayor valor, aprobación y validación a aquellos cuerpos que se consideran saludables y productivos, bajo una óptica capitalista que fomenta y perpetua la opresión. En un mundo justo todas las personas deberían ser tratadas con la misma dignidad y respeto independientemente de su estado de salud. Ser “saludable” o aparentar serlo, no debería ser un motivo para cargar a alguien de superioridad moral o de un mayor status, de la misma forma que el
estado de enfermedad jamás debería utilizarse para oprimir o discriminar a una persona.