12/12/2025
Una perrita viajaba con su familia a bordo de un pequeño bote turístico cuando, en medio del recorrido, perdió el equilibrio y cayó al agua. Nadie en el barco se dio cuenta de inmediato. Para cuando notaron que no estaba, el bote ya se había alejado demasiado.
La perrita, asustada pero fuerte, nadó como pudo hasta llegar a la orilla. Salió empapada y temblando, y caminó hasta un muelle cercano. Allí se quedó. Desde ese día regresaba al mismo punto, mirando hacia el agua como si esperara ver nuevamente el bote donde había viajado con su familia. Pero nunca regresaron por ella.
Con el tiempo, la gente del lugar empezó a reconocerla. Algunos le dejaban comida, otros simplemente se acercaban a verla, sorprendidos de que nunca se moviera del sitio donde había decidido esperar. Su historia se compartió en redes y en pocos días, miles de personas ya sabían de “la perrita del muelle”.
Pasaron varias semanas así, hasta que un vecino decidió llevarla a su casa. La adoptó y le puso un nombre inspirado en el lugar donde la encontraron, 'Ruea'.
Hoy vive en un hogar seguro, rodeada de gente que sí se queda con ella. Su espera duró semanas, pero su final fue real y feliz.