24/12/2025
Cada diciembre, al acercarse esta fecha tan especial, me doy un espacio para detenerme, reflexionar y compartir lo que siento al llegar al cierre del año:
Esta Navidad, no llega solo como una fecha en el calendario, llega como un umbral, como un punto de quietud entre lo que fue y lo que aún no es. Hoy detengámonos un momento… Entre luces, compromisos, regalos y expectativas, regalémonos algo que no se envuelve: la pausa. Que el ruido externo no nos distraiga del susurro interno que pide ser escuchado. Ese que habla de cansancio acumulado, de duelos silenciosos, de sueños postergados y también de la fuerza que, aun quebrada, nos ha sostenido paso a paso. Que este tiempo nos invite a mirar hacia adentro con honestidad y compasión. A reconocer lo que hemos logrado, pero también aquello que nos dolió. A aceptar que no todo fue perfecto, y que, aun así, seguimos aquí, aprendiendo, creciendo, intentándolo.
La Navidad no sólo es celebración externa; es un llamado silencioso a reconciliarnos con nosotros mismos. A soltar culpas que ya no nos pertenecen, a agradecer incluso aquello que nos transformó a través de la dificultad, y a honrar las versiones pasadas que hicieron lo mejor que pudieron con lo que sabían y tenían; a reconocer las heridas que no sanaron este año, aceptar las pérdidas – las visibles y las que nadie nota-, a mirar nuestras decisiones sin condena, entendiendo que cada una nació desde el intento de sobrevivir, amar o protegernos. Que esta temporada nos permita preguntarnos: ¿Estoy viviendo de acuerdo con lo que necesito y siento? ¿A qué debo dar cierre para poder iniciar ligero? ¿Qué quiero cuidar y nutrir en el nuevo ciclo que comienza?
Que este tiempo nos invite a descender al interior, ahí donde no hay máscaras ni exigencias, donde no somos ni roles, ni logros, ni fracasos, sino humanidad viva. Que podamos perdonarnos por no haber logrado todo, por haber sentido miedo, por haber cambiado, incluso por haber tenido que soltar. Que la introspección no sea un juicio, sino un encuentro, una mirada compasiva hacia nosotros mismos. Que el silencio sea el abrigo y que la esperanza no sea una exigencia, sino una posibilidad.
Que esta Navidad no sea solo luz hacia afuera, sino una llama suave hacia adentro. Que no nos exija alegría sino honestidad. Que no nos obligue a cerrar ciclos, sino a comprenderlos. Y que, al cruzar hacia el nuevo año, no lo hagamos desde la prisa, sino desde un corazón más consciente, más humilde, más humano, porque a veces el mayor milagro de la Navidad es atrevernos a volver a nosotros.
Hoy desde el lugar que me encuentro y de una forma muy especial, les deseo una Navidad de reflexión, equilibrio y esperanza. Que el próximo año nos encuentre más conscientes, más fuertes y comprometidos con lo que hacemos y con quienes caminamos juntos.
Con un abrazo fraterno les deseo:
¡FELICES FIESTAS Y PRÓSPERO AÑO 2026!