06/12/2025
POR QUE ALGUNOS HIJOS SE VAN LENOS DE ENOJO?
La verdad que casi nadie quiere mirar
Cuando un hijo se va con enojo, esa salida no siempre es del presente.
En muchos casos, es la manifestación visible de un dolor antiguo, una lealtad familiar o un vínculo interrumpido que lleva años pidiendo ser mirado.
A nivel sistémico y terapéutico, este tipo de enojo no surge de la nada:
suele ser un grito que no le pertenece solo a él.
1. Movimiento Interrumpido: la raíz oculta de la rabia hacia los padres
En constelaciones familiares, el movimiento interrumpido describe un vínculo temprano con madre o padre que quedó fracturado por separación, abandono emocional, enfermedad o conflictos.
La ciencia respalda estos hallazgos:
la teoría del apego (Bowlby, 1980) muestra que rupturas en el vínculo temprano generan patrones de rabia, huida, rechazo y desregulación emocional en la vida adulta.
Por eso, el hijo que “explota y se va” muchas veces está expresando un impulso amoroso que nunca pudo completarse.
2. Órdenes del Amor: cuando el sistema se desbalancea
Según la mirada sistémica, cuando fallan tres principios esenciales —pertenencia, jerarquía y equilibrio— los hijos cargan tensiones que no les corresponden.
En psicología familiar, esto coincide con conceptos como
triangulación, inversión de roles y parentificación (Minuchin, 1974).
Un hijo puede irse con enojo cuando:
– Carga lo que no es suyo.
– Está colocado en el lugar de “pareja simbólica” de la madre o del padre.
– Siente que no puede pertenecer sin sacrificar su autonomía.
La salida abrupta se convierte en una búsqueda desesperada de equilibrio.
3. Lealtades Invisibles: repetir destinos sin saberlo
La psicología transgeneracional (Boszormenyi-Nagy, 1987) explica cómo los hijos pueden repetir historias de ancestros excluidos o dolidos.
En constelaciones esto se observa como:
– Repetición del destino de un ancestro que se fue.
– Identificación con alguien que vivió un enojo profundo.
– Fidelidad al dolor de un miembro olvidado.
Lo que parece “rebeldía” puede ser, en realidad, un acto de amor ciego.
4. Cuando un hijo rechaza a sus padres, también se rechaza a sí mismo
La neurociencia relacional ha demostrado que la identidad se forma desde los vínculos primarios.
Cuando un hijo rechaza a uno de sus padres, crea una división interna que lo fragmenta (Siegel, 2012).
Por eso, la rabia aumenta, la impulsividad crece y la salida de casa se vuelve una ruptura no solo con los padres, sino con su propia raíz.
5. Qué pueden hacer los padres desde una mirada terapéutica y sistémica
Aceptar la decisión sin chantaje emocional
Aceptar no es renunciar; es respetar el destino del hijo sin manipulación ni culpas.
Mirar a su propio sistema familiar
Detrás del enojo del hijo casi siempre hay una historia anterior que los padres no han visto.
Sanar el vínculo con sus propios padres
La psicoterapia transgeneracional y las constelaciones coinciden en algo:
un padre o madre que rechaza a sus propios padres transmite ese rechazo a sus hijos.
Sostener un amor sin exigencia
La distancia física puede abrir una presencia emocional más madura, más consciente y más libre.
6. La verdad que confronta
Cuando un hijo se va con enojo,
no se está yendo solo de la casa: está tratando de liberarse de una historia que no empezó con él.
Y eso merece ser visto con profundidad, no con juicio.