08/12/2025
Tu hijo no “se porta mal”, su cerebro apenas está aprendiendo a vivir
A veces olvidamos algo fundamental: el cerebro de los niños no está terminado. Se construye poco a poco, de abajo hacia arriba, y la parte encargada de pensar, razonar, esperar turnos, controlar impulsos, ponerse en el lugar del otro… esa corteza prefrontal, es la última en madurar.
¿Sabes cuándo termina de desarrollarse por completo?
Entre los 25 y 27 años. Sí, leíste bien.
Por eso un niño pequeño no puede:
•Regular sus emociones como un adulto.
•Pensar en las consecuencias antes de actuar.
•“Ponerte a prueba” o “manipularte”.
•Compartir por obligación “porque debe entender”.
•Dejar de llorar “porque ya se lo dijiste mil veces”.
No es que no quiera… es que su cerebro todavía no puede.
Y aquí viene lo más importante: El desarrollo de estas habilidades depende del trato que recibe en la primera infancia.
El vínculo, el afecto, la paciencia, ser alzado, consolado, escuchado… todo eso construye literalmente su cerebro. Los niños privados de afecto tienen más dificultades para desarrollar funciones ejecutivas como autocontrol, empatía y regulación emocional.
Entonces:
El cerebro de un niño es una obra en construcción,
un edificio diminuto que levanta muros de emociones
y ventanas hacia el futuro…muy despacio.
Llora porque no sabe aún contener la tormenta,
grita porque el mundo le queda grande,
se frustra porque su corazón corre
más rápido que su capacidad de entender.
No te manipula.
No te pone a prueba.
No tiene un plan secreto para agotarte.
Solo está aprendiendo día a día a habitar un cuerpo pequeño con sentimientos enormes.
Su corteza prefrontal,
esa parte que un día le permitirá pensar antes de actuar, mirarte a los ojos y entender lo que sientes,
aún duerme en pañales biológicos.
Tardará más de dos décadas en despertar completa.
Por eso necesita tus brazos cuando tiembla,
tu calma cuando se desborda,
tu voz suave cuando su mundo interno se deshace.
Necesita que seas su faro, no su juez.
Su refugio, no su sentencia.
Porque un niño no crece con gritos, crece con presencia.
No madura con castigos, madura con vínculo.
No aprende a regularse por sí solo, lo aprende regulándose contigo.
Y mientras su cerebro se arma pieza por pieza,
lo único que realmente lo transforma no es la exigencia… es el amor paciente que lo sostiene
cuando aún no puede sostenerse solo.
Autor Dr García Elizondo Pediatra.