05/02/2026
EL AUTISMO, UN ESPEJO QUE EVITAMOS.
Muchas de las características del autismo resultan estar presentes en nosotros: «la gente normal». La diferencia es la forma como se manifiesta. Mientras que en las personas con TEA (Trastorno del Espectro Autista) se convierten en dificultades asociadas a una condición, la sociedad las evade con eufemismos.
No somos inflexibles, defendemos nuestras reglas.
No tenemos problemas de comunicación, es que tú no me entiendes.
No tenemos falta de empatía, es que no somos adivinos para saber qué le pasa al otro.
Y así, miramos desde arriba, desde nuestra superioridad normotípica. Evitamos vernos reflejados en ese espejo de quienes soportan sobre sus hombros el prejuicio de un diagnóstico que castiga y critica severamente sus conductas.
Olvidamos que sin la estructura, el orden, la lógica y la empatía de las personas diferentes, no estaríamos en el plano de evolución que hoy en día nos permiten conectar de formas que hace veinte años no imaginábamos. Imposible sin mentes divergentes.
Vivimos en una realidad que evita asumir nuestras propias anomalías.
En el autismo es «desconexión del mundo» «inflexibilidad» «disfunción ejecutiva» «dificultades de socialización»...etc. En el mundo neurotípico es distracción, impuntualidad, olvido, procrastinación, indecisión, obsesión, solitarios de Instagram. Rasgos de la personalidad, facetas de carácter y no problemas que afectan a todos alrededor, por eso, no necesitan intervención, es que así es la gente. Los autistas sí necesitan intervención, porque así no debe ser la gente.
siendo el ser humano un animal colaborativo, estamos siendo individualistas exigiendo a las personas diferentes cosas de las que no somos ejemplo.
Nos aseguramos de decretar que «ellos» están mal y nosotros bien. Estamos tardados para aprender de la gente diferente y reconocernos diferentes también, más no superiores.
por: Angela Corredor