10/02/2026
Ayer vimos a una joven perder el control en plena vía rápida, en un episodio evidente de Trastorno mental, con un desenlace impactante. Pero lo verdaderamente grave es que esto no empezó ayer.
Y hay que decirlo claro: sí existen hospitales, sí existen instituciones, sí existe el IMSS, sí existen gobiernos municipales, estatales y federales.
El problema no es que no haya nada.
El problema es que la salud mental no recibe la dimensión real que tiene.
La salud mental sigue tratándose como algo secundario.
Como algo “leve”.
Como algo que “se quita solo”.
En el IMSS o en cualquier hospital público no es común que una persona sea canalizada de inmediato a atención especializada por depresión, ansiedad severa o una crisis psicótica.
Tampoco es normal tener citas constantes y seguimiento, como sí ocurre con enfermedades físicas como la diabetes o la presión.
Y muchas veces tampoco se nos dice con claridad: “esto es grave, hay que atenderlo fuerte y a tiempo”.
Y también hay que reconocerlo:
muchas personas no buscan ayuda, ya sea por miedo, estigma, desconocimiento o porque se les ha hecho creer que “no es para tanto”.
Porque la depresión no es tristeza.
La ansiedad no es nervios.
Y una crisis mental no es un berrinche.
Los hospitales existen, pero no son suficientes, no son grandes, no son visibles, no se priorizan y no se normalizan y mientras la atención siga siendo limitada, tardía o burocrática, y mientras como sociedad sigamos minimizando estos padecimientos, las consecuencias seguirán apareciendo en la calle, en hospitales… o en videos virales.
La salud mental debería ser preventiva, constante y normalizada.
Debería ser común decir:
—“Tengo depresión, voy a atenderme”.
—“Estoy en crisis, necesito ayuda profesional”.
—“Esto no se puede dejar pasar”.
Esto no es culpar a una sola persona ni a una sola institución, es reconocer que falta atención real, seguimiento y conciencia colectiva, porque cuando la salud mental se minimiza, el riesgo aumenta.
Hablar de esto no es exagerar, es entender que ignorarlo sí tiene consecuencias graves.
Compartir esto no es morbo, es pedir que la salud mental deje de ser invisible.
Tomado de la red