18/03/2026
Hoy, entre el verde, la fecha y el pretexto bonito de San Patricio, me quedé pensando en algo…
Nos enseñaron a creer que la suerte siempre viene de afuera:
como una oportunidad, una persona, una coincidencia, una puerta que se abre.
Pero con los años, y con los procesos, he aprendido que la verdadera suerte muchas veces se ve distinto.
A veces la verdadera suerte es tener paz.
Tener tiempo.
Tener libertad para respirar.
Tener la capacidad de volver a ti, incluso cuando algo te dolió profundamente.
Tener la fuerza de no abandonarte en medio de una herida que todavía está aprendiendo a cerrar.
Porque hay dolores que no se ven…
pero se sienten en el pecho, en la cabeza, en el sueño, en el cuerpo entero.
Y aun así, seguir poniéndote de pie, seguir cuidándote, seguir buscando luz…
también es una forma de milagro.
Hoy no quiero hablar de suerte como si fuera magia vacía.
Quiero hablar de esa suerte que se construye cuando decides no traicionarte.
Cuando decides no dejar que el dolor te robe la esencia.
Cuando decides seguir, aunque sea despacito.
Que nunca nos falte lo más valioso:
paz en el pecho, claridad en el alma
y amor propio para volver a nosotros una y otra vez. 🍀✨