12/02/2026
A esta edad ya no me importa cuántos años tengo, ni cuántas velas caben en el pastel.
Ya no espero los cumpleaños con ansiedad ni temo que el espejo me diga la verdad.
Ahora cuento los amaneceres, esos que me regalan el milagro de abrir los ojos y seguir aquí, con la misma alma, aunque un poco más despacito el cuerpo.
Cuento los cafés que compartí con gente que amo, las risas que me sacaron lágrimas, los abrazos que aún siento en la piel.
Cuento los silencios que dolieron, porque también ellos me enseñaron algo.
Cuento los días que creí que no podría más… y sin embargo pude.
A esta edad, uno deja de correr detrás del tiempo.
Ya no quiero vivir rápido, quiero vivir bonito.
Ya no busco que todo sea perfecto, solo que sea verdadero.
Aprendí que la felicidad no se mide en años, se mide en instantes, en esos que te llenan el alma y te hacen suspirar cuando cae la tarde.
He entendido que los años son solo el mapa del camino, las arrugas son las huellas de lo vivido, y que cada cana guarda una historia que mereció ser contada.
Porque sí, querido diario…
A esta edad ya no cuento los años, cuento los motivos para seguir agradeciendo.
Y aunque el tiempo me cambie el rostro, no quiero que me borre la ternura, ni las ganas de seguir creyendo que cada amanecer es una nueva oportunidad para empezar otra vez.
Milka MagTorre