25/04/2019
SI ALGUIEN ESTÁ MURIENDO, HAY QUE VISÍTARLE
Muchos evitan a las personas con un diagnóstico de enfermedad terminal o que están cercanos a la muerte. A diferencia de cuando alguien nace y todos se animan contentos para ir a acompañar ese momento y conocer al recién nacido, la muerte causa resistencia, impotencia y rechazo.
Uno de los 4 dolores identificados en la personas que mueren es el dolor social, que no es otro que el quedar aislado, excluido y sin posibilidad de ver y despedirse de las personas significativas.
Incluso muchas veces sentir que de alguna manera ya se les ha perdido. Algunos de los argumentos de personas que no se animar a visitar a un ser querido moribundo son:
NO SABER QUE DECIR O HACER:
Es necesario interiorizar que en esas circunstancias las personas necesitan la presencia especialmente de l familia y amigos. Muchas veces no es necesario decir o hacer nada. La gran tarea es poder estar con presencia y sin pretensión, con toda humanidad y vulnerabilidad dispuestas a acoger lo que surja en el momento.
Algunas frases como:
“Ya estarás mejor.”
“Sé fuerte.”
“Tus hijos te necesitan.”
No necesariamente son empaticas con el momento que la persona está atravesando. Quizás sean más empáticas y pertinentes frases como:
“Estoy aquí”
“Me siento honrado de poderte acompañar también en este momento.”
¿Qué necesitas?
Será entonces una acción importante el saber escuchar sin obligación alguna de dar soluciones o brillantes consejos, sino sólo escuchar, y acaso poder entender un poco mejor qué esta necesitando la persona a la que se esta acompañando.
QUERER RECORDARLOS COMO ERAN ANTES: “Prefiero recordarlo sano” es una razón por la que muchas personas no visitan a alguien que producto de la enfermedad que atraviesa ha visto su apariencia física muy deteriorada. Es cierto; es duro ver a las personas en una etapa diferente y donde la vitalidad parece diluirse. Sin embargo, la aceptación de ese momento y de la realidad de lo que está pasando, podrá construir la posibilidad de que esa persona se despida y sienta la tranquilidad de ver que sus seres queridos están adoloridos por lo que está pasando, y a pesar de ello están pudiendo transitar ese dolor de manera sana y sin sufrimiento.
Al eludir este momento, este encuentro incómodo, nos privamos y privamos a la persona que está muriendo de estar cerca de las personas que le dan fortaleza, amor, comprensión y que fueron parte importante de su vida. Si se estuvo presente en los momentos vitales importantes, cómo no estarlo entonces en uno de los momentos vitales con mayor cantidad de incertidumbre y retos que les toca atravesar?
NO SABER CÓMO DESPEDIRSE:
Es frecuente ver que sólo cuando llega un proceso de agonía evidente y la gravedad de la condición a veces ni siquiera le permite a la persona estar del todo conciente, inician las despedidas. Para la persona que está muriendo es muy importante el sentir que puede despedirse y que la persona de la que se está despidiendo también entiende, válida y valora ese momento. ¿Por qué despedirse? Porque es tan importante como conocerse, porque es emocionalmente liberador y permite transitar la muerte con una sensación de menor peso, y porque una sana despedida permitirá en definitiva un proceso de duelo sano para los seres queridos.
Entonces, ¿cómo despedirse?
Sin expectativas, con el corazón abierto, agradeciendo, nombrando lo que se sienta que debe ser nombrado, escuchando lo que el otro tiene que decir. Y a veces solo abrazándose con gratitud porque aún se esta vivos, y se puede
hacerlo, confiando que ese abrazo, esas lágrimas y sonrisas permanecerán e
para siempre en cada uno.