03/12/2021
UNA NAVIDAD SUFICIENTEMENTE BUENA
por Judith Celis Riquelme
Creo que gran parte de las personas coincidimos en que la Navidad es una época emocionante y significativa, pero a la vez absorbente, nostálgica y a veces, hasta pesada.
Es que en una misma época pasamos por todas las emociones habidas y por haber. Alegría por haber sido invitado a tantas fiestas, fastidio por tener que asistir a tantos eventos; ilusión por poner el árbol y adornar la casa, frustración por que el bacalao no quedó cómo esperábamos; satisfacción de poder reunir a tanta gente querida, enfado por que volvieron a invitar al tío que nos cae mal; ternura al ver a los niños esperar con ansias a Santa Claus, preocupación por tanto gasto navideño; agradecimiento por un año más de vida y tristeza por recordar a las personas que ya no están.
Como puedes ver, la Navidad es mucho más que una simple festividad o una reunión familiar. Es un reto para la mente. Todas las partes de ella que a veces no se logran poner de acuerdo, en esta época salen a relucir.
Tu parte exigente quiere que te veas más fit que nunca y que tu casa, tus hijos y la comida que ofrezcas sea perfecta. Tu parte bonachona quiere donar juguetes a los niños de la calle, perdonar a aquel tío que alguna vez te hizo llorar y cumplirles todos sus deseos a las personas que tanto quieres. Tu parte realista quiere aprovechar las fiestas para descansar, no para cocinar y, quiere guardar parte de su aguinaldo para las inscripciones escolares del próximo año. A tu parte malévola no le importa que el tío que no te cae bien vaya a pasar navidad solo en su casa, cree que a tus hijos no les va a pasar nada si no reciben todos los regalos que pidieron (como no te pasó a ti) y, muy en el fondo, preferiría usar todo el dinero que gastó en una noche en unas vacaciones a la playa.
Por si fuera poco, a todos estos debates internos se les une el cierre de año con sus respectivos juicios acerca de nuestro desempeño. ¿Me veo mejor o peor? ¿Crecí en el trabajo o estoy en el mismo lugar? ¿Conseguí echar a andar el proyecto que tenía en mente o sigue en papel? ¿Logré ir a la Fórmula 1 en Mónaco o la volví a ver en mi sala de tele? ¿Mis hijos me admiran más o menos? ¿Estoy más cerca de mi pareja o más distante? ¿Mis amigos me buscan más seguido o medio que ya se olvidaron de mí? ¿Mi madre cree que soy un buen hijo o no hay manera de alcanzar ese lugar?
No se ustedes, pero sólo de pensarlo ya me ofusqué. La parte práctica de mi mente, si pudiera, adelantaría el tiempo hasta enero para evitarme tanto lío emocional. Pero saben algo, como tuve unas navidades suficientemente buenas es que mi parte festiva sigue poniendo en orden a mi parte práctica y por lo tanto sigo añorando, planeando, sufriendo y gozando al máximo esta ápoca.
Y saben, no me gustaría que fuera de otro modo. El que sea capaz en esta época de no abatirme, de sobreponerme a tanto sube y baja emocional, tanta crítica y tanta expectativa, significa que, entre muchas otras cosas, mis padres hicieron un gran trabajo.
Me regalaron de manera consistente fines de año en los que las experiencias positivas superaron con creces las negativas. En las que me modelaron cómo manejar las propias frustraciones sin dejar de disfrutar, a cómo poner en perspectiva las prioridades y actuar en consecuencia, a cómo adaptarme a circunstancias que estaban fuera de mi zona de confort, a extrañar a los que ya se fueron sin dejar de vivir.
Si quieren regalarles a sus hijos algo realmente especial esta navidad, regálenles una navidad suficientemente buena. Un lugar maravilloso en su mente al cual puedan acudir siempre que necesiten tranquilidad, alegría, cariño y esperanza… en otras palabras, siempre que los necesiten a ustedes.
Gracias por siempre Tatas y Yi. 😍🎄🎅