01/07/2025
“Cuando alguien parte de este mundo, lo primero que necesitas hacer es… nada”
No corras, no llames de inmediato a nadie. Quédate en quietud. Respira profundo. Permítete sentir la inmensidad del momento.
Estar al lado de alguien que amas cuando cruza el umbral entre esta vida y lo que hay más allá, es una experiencia sagrada. Hay algo casi invisible pero palpable: una apertura del espacio, un velo que se corre, un silencio lleno de su presencia y la tuya.
En nuestra cultura, no sabemos qué hacer con la muerte. Nos toma por sorpresa, aunque sepamos que llegará. El pánico, la prisa, la urgencia de “hacer algo” se apoderan del instante. Pero no es una emergencia. Es una despedida.
No es un problema por resolver. Es un momento por habitar, es un momento de estar, de permanecer.
Si estás en casa, quizá quieras preparar una taza de café o una tisana. Regresa con calma a la habitación. Siéntate cerca. No hace falta hablar. Solo estar. Observa. Acompaña. Escucha el silencio. Sólo acompáñale.
Pregúntate:
¿Qué sientes tú en este instante?
¿Qué está experimentando quién acaba de partir?
¿Hay otras presencias sutiles acompañando su tránsito?
Permite que tu alma se acomode a esta realidad nueva. Incluso si sabías que este día llegaría, el corazón necesita tiempo para comprenderlo.
No te apresures a llamar a la funeraria, ni al hospital, ni a nadie. Solo quédate ahí. Cinco minutos. Diez. O los que necesites. Ese instante no volverá jamás. Y si no lo vives ahora, se irá para siempre, quedará en tu mente, es mejor que vivas ese momento.
Cuando te sientas lista-o, da el paso más pequeño: has una llamada, avisa a quien corresponda. Pero hazlo con suavidad, sin romper la quietud. No dejes que la prisa se lleve la paz; no levantes la voz, si lloras, hazlo con suavidad desde el corazón.
Camina despacio. En estos momentos, tu alma necesita tiempo para permanecer cerca de tu cuerpo. Si te adelantas demasiado, podrías dejar atrás una parte de ti.
Si puedes, permanece ahí. En silencio. En presencia. En aceptación, con suavidad.
Mira su rostro una vez más. Agradece. Respira hondo. Cierra los ojos y acompáñale desde tu corazón. Dile en silencio que todo está bien. Que puede continuar su viaje. Que tu amor lo guía. Que ya se puede ir con toda tranquilidad, que todo va a estar bien.
Este acto de presencia es uno de los mayores regalos que puedes darte a ti y a tu ser querido, y al espacio invisible que los sigue uniendo, están muy cerca aún. Muy cerca. No pierdas ese momento.
Y si el ambiente se mantiene sereno, con respeto y amor, ese viaje hacia lo desconocido será más ligero, más suave. Y tú sabrás que estuviste ahí, honrando la vida… incluso en la muerte.
Paty Cabieses ❣️