01/11/2025
Hay momentos en la vida, especialmente en la infancia, donde la balanza de lo que se espera y lo que se da parece terriblemente desequilibrada. Se señala al niño por "irrespetuoso", por "no seguir las reglas", por "malos modos". Y a veces, quienes señalan, son los mismos que no cumplen con los tiempos acordados, con las promesas hechas, con la presencia prometida. Es una contradicción silenciosa, un eco que resuena con dolor en el alma de quien, siendo pequeño, se ve juzgado con una vara que a los adultos no se les aplica.
Si alguna vez sentiste que eras tú el "problema" por no encajar, por no cumplir "las reglas" mientras veías que a tu alrededor esas mismas reglas eran flexibles para otros, quiero que sepas esto: no eras tú quien estaba mal. Tu respuesta, tu "irrespeto" o tu "rebeldía", era la lógica profunda de tu ser defendiéndose. Era tu forma de señalar, a veces sin palabras, la inconsistencia, la injusticia de un mundo que te pedía perfección mientras ofrecía algo distinto.
Esa conducta, que te valió juicios y etiquetas, fue en realidad un intento valiente de proteger tu propia dignidad, de hacerte escuchar cuando tu voz era pequeña. No fuiste desobediente sin más; fuiste un mensajero, alguien que, con su manera de ser, expuso una herida mayor en el sistema que te rodeaba.
El alivio más profundo llega cuando reconoces que tu valor no reside en ser "el que cumple todas las reglas", sino en tu capacidad de sentir, de responder, de ser auténtico, incluso cuando el entorno te pedía que fueras otra cosa. Tu valía está en ti, no en la aprobación de quienes te juzgaron con una vara doble.
P.D. A veces, la persona más "irrespetuosa" es quien nos refleja la verdad más incómoda.
EnTerapiaa • Psict. Rubí Osorio Cruz