30/11/2025
EL HÍGADO GRASO INTERRUMPE EL METABOLISMO DE LAS GRASAS Y ELEVA EL RIESGO DE DIABETES
El hígado graso, conocido médicamente como esteatosis hepática, es una condición en la que se acumula exceso de grasa en las células del hígado, alterando su funcionamiento. Aunque en sus primeras etapas puede ser silenciosa, esta enfermedad metabólica está estrechamente relacionada con el sobrepeso, la resistencia a la insulina y el desarrollo de diabetes tipo 2.
El hígado, encargado de regular el metabolismo de grasas, azúcares y proteínas, deja de cumplir su función de manera eficiente cuando se sobrecarga de lípidos.
En condiciones normales, el hígado transforma las grasas en energía y controla la producción de glucosa. Pero cuando la grasa se acumula en exceso, estas funciones se interrumpen. Las células hepáticas inflamadas comienzan a liberar enzimas y sustancias proinflamatorias que afectan la acción de la insulina, la hormona responsable de permitir que la glucosa entre en las células. Este proceso genera resistencia a la insulina, lo que provoca que el azúcar se mantenga elevada en la sangre.
Así, el hígado graso no solo compromete la salud hepática, sino que se convierte en una puerta de entrada hacia la diabetes y otros trastornos metabólicos.
Diversos estudios han demostrado que las personas con hígado graso tienen entre dos y cinco veces más probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2. Además, esta condición puede evolucionar hacia formas más graves, como la esteatohepatitis no alcohólica, la fibrosis o incluso la cirrosis hepática. Entre los factores de riesgo destacan la mala alimentación rica en azúcares y grasas saturadas, el sedentarismo, la obesidad abdominal y el consumo excesivo de alcohol. En muchos casos, el hígado graso se diagnostica por casualidad, ya que no presenta síntomas evidentes, aunque pueden aparecer fatiga, sensación de pesadez abdominal o elevación de enzimas hepáticas en los análisis de sangre.
La buena noticia es que el hígado tiene una extraordinaria capacidad de regeneración. Adoptar una dieta equilibrada, rica en frutas, verduras, fibra y grasas saludables —como las del pescado y el aceite de oliva—, junto con actividad física regular, control del peso y terapias que contribuyen a mejorar el funcionamiento del cuerpo como el Par Biomagnético pueden revertir el daño en sus etapas iniciales. Evitar el alcohol y los alimentos ultraprocesados también es clave para su recuperación.
En conclusión, el hígado graso no es solo un problema hepático, sino un reflejo de desequilibrio metabólico general.
Cuidar el hígado es cuidar todo el cuerpo, porque cuando el hígado enferma, el metabolismo se detiene; pero cuando sana, todo el organismo vuelve a funcionar en armonía.