05/01/2026
Hablando de "tipos", G. dijo un día:
—¿Han notado el enorme papel del «tipo» en las relaciones del hombre y la mujer?
—He notado, dije, que en el curso de toda su vida, un hombre no entra en contacto sino con sólo cierto tipo de mujer, y una mujer con cierto tipo de hombre. Es como si un tipo de mujer
estuviera predeterminado para cada hombre, y un tipo de hombre para cada mujer.
—Es cierto, me dijo G. Pero dicho en esta forma naturalmente es demasiado general. En efecto, usted nunca ha visto ningún tipo de hombre ni de mujer, sino sólo tipos de sucesos. Lo que estoy diciendo se refiere al tipo real, es decir a la esencia. Si la gente pudiera vivir en su esencia, un tipo de hombre siempre encontraría al tipo de mujer que le corresponde, y nunca
habría una conjunción equivocada de tipos. Pero la gente vive en su personalidad que tiene sus propios intereses, sus propios gustos. Éstos no tienen nada en común con los intereses y los gustos de la esencia. En tal caso, la personalidad es el resultado del trabajo equivocado de
los centros. Por esta razón, puede no quererlo que la esencia quiere — y querer precisamente lo que la esencia no quiere. Es así como comienza el conflicto entre la esencia y la personalidad. La esencia sabe lo que desea, pero no lo puede explicar. La personalidad no quiere ni oiría y no toma en cuenta para nada sus deseos. Ella tiene sus propios deseos, y actúa a su manera. Pero allí termina su poder. Después de esto, de una u otra manera las dos esencias, la del hombre y la de la mujer, tienen que vivir juntas. Y se odian. En este campo, no hay comedia posible; de todas maneras, es la esencia, el tipo, que finalmente toma el mando y decide.
P.D.Ouspensky