12/02/2026
Como psicóloga, recuerden: un , según el DSM-5 y la APA, implica patrones persistentes, malestar clínicamente significativo y deterioro funcional en varias áreas. No se diagnostica por un video de 30 segundos, una lista de síntomas en redes o una identificación subjetiva.
Desde la terapia , trabajamos patrones que se mantienen en el tiempo, no etiquetas: creencias rígidas, esquemas desadaptativos y conductas reforzadas. Un rasgo no es un trastorno; un pensamiento automático no es diagnóstico; un día difícil no es psicopatología.
Como sabemos que muchos síntomas reflejan contexto: pobreza, violencia estructural, desigualdad o estrés crónico. No siempre se trata de “qué le pasa a la persona”, sino de “qué sistema produce este malestar”.
Desde mi gusto por la , entendemos que el sufrimiento también es cultural: las categorías diagnósticas son históricas y cambian según sociedad y época. Lo que hoy llamamos trastorno, en otro contexto puede ser crisis vital, transición, experiencia espiritual o respuesta adaptativa.
Hoy, la también se ha comercializado: diagnósticos convertidos en identidad, trastornos en tendencia y psicología en frases virales. Cuando todos se etiqueta como un trastorno, se minimiza el sufrimiento de quienes realmente lo padecen y se pierde seriedad en el tratamiento profesional.
No se trata de negar el malestar ni sobrediagnosticarlo. No todo malestar es un trastorno, pero todo malestar merece escucha. No todo rasgo necesita etiqueta, pero toda persona merece comprensión.
✨🧠 Si todo se convierte en diagnóstico, quién escucha realmente el sufrimiento o malestar de las personas?