07/02/2026
Vivimos en una cultura que confunde estar bien con “estar al día”: rendir, cumplir, sostener, no parar. Y cuando por fin descansas, aparece la culpa… como si el cuerpo tuviera que ganarse el derecho a respirar.
Pero el bienestar no se mide por lo que haces.
Se nota en otras cosas: en tu capacidad de habitarte sin tanta tensión, en dormir sin pelearte con la cabeza, en poder decir que no sin sentirte mala, en tener días donde tu valor no depende del rendimiento.
Desde una mirada contextual, es posible construir un equilibrio real entre exigencia y cuidado:
sin romantizar el agotamiento y sin usar la autoexigencia como identidad.
Y sí: eso también se aprende.
Se aprende a poner pausas, a elegir prioridades, a soltar estándares imposibles y a cuidarte sin justificarte.
Si esto te resonó, guarda el carrusel. Y si quieres acompañamiento para hacerlo práctica (no solo idea), aquí estoy.