15/02/2021
Hablemos un poco sobre la obesidad
Antes de profundizar en los factores que afectan a los hábitos dietéticos y, por ende, al peso, te queremos hablar un poco de la obesidad. Por desgracia, y como ya sabemos, la obesidad se ha convertido en una de las epidemias del siglo XXI. Desde 1975 y hasta la actualidad, se ha casi triplicado la prevalencia mundial de obesidad. Más de 1900 millones de personas adultas tienen exceso de peso (39% de la población), de las cuales 650 millones están obesas (19%). Y si analizamos los números en niños, las cifras no son muy halagüeñas. Con este escenario hemos llegado a un punto en el que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las muertes causadas por sobrepeso y obesidad (o derivadas de ambos) son mayores a las causadas por una insuficiencia ponderal o bajopeso. La obesidad se define como una “acumulación anormal o excesiva de grasa corporal, que puede ser perjudicial para la salud” (OMS, 2018). Hasta hace relativamente poco tiempo (de hecho, muchos profesionales lo siguen utilizando), se hace referencia al Índice de Masa Corporal (IMC) para determinar si una persona tiene exceso de peso. Este índice se calcula dividiendo el peso (en kilos) por la altura (en metros) al cuadrado. Según el valor que se obtenga, podremos clasificarlo en bajopeso, normopeso, sobrepeso u obesidad. VALOR IMC CLASIFICACIÓN < 18.5 Bajopeso 18.5 – 24.9 Normopeso 25 – 29.9 Sobrepeso > 30 Obesidad Sin embargo, la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) y la Sociedad Española de la Cirugía de la Enfermedad Mórbida y de las Enfermedades Metabólicas (SECO) apunta a que el hecho de que disminuya el IMC no es indicativo de salud, puesto que existen otras comorbilidades que no influyen en el peso. De hecho, una persona podría tener un IMC superior a 25, o incluso a 30, y no necesitar perder peso dado que este peso elevado se debe a un gran porcentaje de masa muscular; por ejemplo, un culturista. De esta forma, si relacionamos el IMC con indicadores antropométricos, de salud o de enfermedad, diríamos que en los dos primeros casos no se podría considerar al IMC como indicador, pero sí en el último. Es decir, un IMC elevado se relaciona con mayor mortalidad, pero un IMC bajo no se tiene por qué asociar con mayor salud ni tampoco nos sirve para determinar medidas antropométricas, puesto que no tiene en cuenta numerosos factores que pueden afectar a dichas medidas (edad, s**o, etnia, situación fisiológica –embarazo o lactancia–, distribución del peso y la grasa, ciclo menstrual, tipo y funcionalidad de la grasa y el músculo, etc.).