03/06/2025
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En 1967, una joven diseñadora gráfica tuvo una idea que podía cambiarlo todo: un test de embarazo casero. No era médica ni científica, pero pensó en algo que nadie más había considerado. La respuesta que recibió fue un rotundo NO.
Así nació Predictor, uno de los inventos más revolucionarios del siglo XX.
Margaret Crane tenía 26 años y trabajaba en una farmacéutica diseñando envases. Un día entró al laboratorio y vio tubos de ensayo alineados: era así como los médicos detectaban embarazos, mediante una reacción química. Entonces se preguntó:
¿Por qué una mujer no puede hacer esto en casa?
El proceso clínico era lento, costoso e inaccesible. Las mujeres debían pedir cita, esperar semanas y, a menudo, recibían el resultado por carta. Nadie pensaba en darles autonomía.
Margaret preguntó cómo funcionaba el análisis. Le explicaron que se trataba de detectar una hormona específica en la o***a. Con esa información, en su casa construyó un prototipo usando objetos comunes: un frasco, un espejo, una pipeta y un soporte. Lo llamó Predictor.
Era económico, eficaz y le devolvía el control a las mujeres. Entusiasmada, lo presentó a sus jefes. Pero la respuesta fue clara:
“No. Es demasiado arriesgado. Las mujeres no están listas para saberlo por sí solas.”
Tampoco los médicos lo apoyaron: perderían pacientes, ingresos y control. Nadie estaba preparado para que una mujer pudiera saber por sí misma si estaba embarazada, sin pedir permiso, sin consultar a nadie.
El prototipo quedó archivado durante años.
En 1969, la empresa finalmente patentó el invento y reconoció a Margaret como su creadora. Le exigieron ceder sus derechos por un dólar… que nunca llegó a cobrar. Durante décadas, su nombre desapareció de la historia. El test se comercializó más adelante, cuando el mercado ya no pudo ignorarlo. Todos creyeron que lo habían creado científicos —hombres— en un laboratorio.
Margaret fue invisible hasta 2012, cuando un artículo del New York Times sobre los tests de embarazo no la mencionó. Fue la gota que colmó el vaso. Entonces, decidió contar su historia.
Hoy, millones de mujeres en todo el mundo usan tests caseros cada año. Son rápidos, privados y asequibles. Pero esa fac