09/02/2026
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“El dolor que subió en silencio”
María tiene 31 años. Vive en la ciudad, trabaja largas jornadas y, como muchas mujeres jóvenes, ha aprendido a normalizar pequeñas molestias para no interrumpir su rutina. Desde hace varios días siente un dolor sordo en el bajo vientre, una presión persistente que aparece al final del día y que no cede del todo con analgésicos comunes. Al inicio lo atribuyó al estrés, quizá a su ciclo menstrual. Pero hoy algo es distinto.
Esa mañana despertó con escalofríos leves y una sensación de cansancio inusual. El dolor pélvico se había vuelto más intenso, irradiándose hacia ambos flancos. Al caminar, cada paso parecía recordarle que algo no estaba bien. Decidió acudir al servicio de emergencia.
Evaluación inicial
En la entrevista clínica, María refiere dolor abdominal bajo de cinco días de evolución, progresivo, acompañado de flujo vaginal amarillento con mal olor. Niega sangrado, pero admite dispareunia reciente. No presenta antecedentes patológicos relevantes. Es sexualmente activa y no utiliza método de barrera de forma regular.
Al examen físico, su temperatura es de 38.6 °C. El abdomen es blando, pero doloroso a la palpación profunda en hipogastrio. Durante el examen ginecológico, el hallazgo es claro y revelador: dolor intenso a la movilización cervical, sensibilidad uterina y anexial bilateral. El cuello uterino luce friable, con secreción purulenta.
En ese momento, el diagnóstico comienza a tomar forma.
Fisiopatología en acción
Lo que ocurre en el cuerpo de María no es visible a simple vista. Una infección, probablemente iniciada en el tracto ge***al inferior, ha logrado ascender. La barrera cervical ha cedido, permitiendo que microorganismos invadan territorios normalmente estériles: el endometrio, las trompas de Falopio, quizá incluso los ovarios.
La respuesta inflamatoria es intensa. Las trompas, delicadas y tapizadas por células ciliadas esenciales para el transporte del óvulo, comienzan a inflamarse. Cada hora sin tratamiento aumenta el riesgo de daño permanente: cicatrices, adherencias, pérdida de función.
Etiología probable
La sospecha clínica es enfermedad inflamatoria pélvica (EIP). Dado el contexto, los principales agentes implicados incluyen Chlamydia trachomatis —silenciosa, subclínica— y Neisseria gonorrhoeae, capaz de provocar cuadros más severos. No se descarta la participación de anaerobios asociados a vaginosis bacteriana, ni otros patógenos como Mycoplasma ge***alium.
Se solicitan pruebas de amplificación de ácidos nucleicos (NAAT) para clamidia y gonorrea, hemograma, reactantes inflamatorios y, de manera obligatoria, una prueba de embarazo, que resulta negativa. La ecografía pélvica no muestra abscesos tubo-ováricos, pero sí signos inflamatorios compatibles con salpingitis.
Diagnóstico clínico
El diagnóstico de EIP en María es fundamentalmente clínico. El dolor pélvico asociado a los criterios mínimos —dolor a la movilización cervical y sensibilidad uterina y anexial—, junto con fiebre y secreción purulenta, justifican iniciar tratamiento inmediato.
Esperar resultados sería un lujo peligroso.
Manejo terapéutico
María no está embarazada, tolera la vía oral y no presenta complicaciones graves. Se decide manejo ambulatorio, explicándole con claridad la gravedad potencial del cuadro.
Se inicia tratamiento empírico de amplio espectro, siguiendo las recomendaciones actuales: Ceftriaxona, doxiciclina, metronidazol.
El objetivo es claro: erradicar gonococo, clamidia y anaerobios, antes de que la inflamación deje cicatrices invisibles pero permanentes.
Se enfatiza la necesidad de tratar a sus parejas sexuales recientes. María escucha con atención; por primera vez comprende que su dolor no es solo suyo, sino parte de una cadena que debe romperse.
Evolución y pronóstico
A las 72 horas, María regresa a control. El dolor ha disminuido, la fiebre ha cedido y el flujo es escaso. La respuesta al tratamiento es favorable.
Sin embargo, se le explica algo crucial: incluso con tratamiento adecuado, la EIP puede dejar huellas. El riesgo de infertilidad, embarazo ectópico y dolor pélvico crónico aumenta con cada episodio y con cada retraso diagnóstico. La prevención, desde ahora, será tan importante como el antibiótico que ya tomó.
Reflexión final
La historia de María es la de muchas mujeres. La EIP no siempre irrumpe con violencia; a veces asciende en silencio. Por eso, en clínica, el dolor pélvico nunca es banal. Reconocerlo a tiempo puede significar la diferencia entre la curación y una secuela que acompañe toda la vida reproductiva.
Fuente:
Jenkins, S. M., & Vadakekut, E. S. (2025). Enfermedad inflamatoria pélvica. StatPearls Publishing.
⚠️ Aviso:
El contenido de esta publicación tiene fines académicos y de actualización científica. No debe ser utilizada para autodiagnóstico ni automedicación. Si usted no es un profesional sanitario, consulte siempre con un médico, obstetra u otro personal calificado antes de tomar decisiones relacionadas con su salud.