14/11/2025
Cada proceso terapéutico es un encuentro entre dos personas que no se conocen, una con una necesidad o un dolor, y otra con la disposición de acompañar. Y aunque existe formación y técnica, también hay humanidad. Y en la humanidad habita la incertidumbre, en mi caso, el cuestionarme si estoy haciendo “lo correcto”, y eso no siempre es una línea clara. Esa palabra carga expectativas, miedos y la sensación de que deberíamos tener todas las respuestas. Pero la realidad es que la terapia no es una receta, es un vínculo que se construye.
Detrás de cada sesión hay un proceso profesional, teoría, método, experiencia (que estoy construyendo) y reflexión constante. Sin embargo, también hay algo más íntimo y profundo: dos almas encontrándose, dos personas aprendiendo a crear un espacio seguro juntas. Un espacio que necesita tiempo, cuidado y paciencia para que pueda funcionar… o incluso para descubrir que tal vez ese no sea el camino compartido. Y eso también está bien.
La terapia es un acto humano, imperfecto y auténtico. Y en esa autenticidad, nace gran parte de su poder.