Psicóloga Marisol Sebastián Rendón

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Psicóloga & Psicoterapeuta
Transformo desafíos en crecimiento con ciencia y calidez.
•Espacio seguro y sin juicios
• Herramientas basadas en evidencia
(conductual contextual)
• Aceptación y acción valiosa
Ética + rigor científico.
• ACT •DBT •FAP

Vivimos en una cultura que nos enseña a mirar siempre hacia adelante. La próxima meta, el próximo logro, la próxima vers...
27/02/2026

Vivimos en una cultura que nos enseña a mirar siempre hacia adelante. La próxima meta, el próximo logro, la próxima versión de nosotros mismos. Nos acostumbramos tanto a la idea de “lo que falta” que dejamos de reconocer lo que ya sostiene nuestros días: la salud que aún nos acompaña, las personas que permanecen, las pequeñas rutinas que nos dan estabilidad.

En el contexto personal, esta constante búsqueda puede convertirse en una carrera interminable. Pensamos que seremos felices cuando llegue ese ascenso, cuando tengamos más dinero, cuando cambie nuestra situación. Sin embargo, muchas veces la verdadera riqueza ya está presente: en la capacidad de levantarnos cada mañana, en la paz de una conciencia tranquila, en el aprendizaje acumulado tras cada error.

En el ámbito familiar y afectivo, ocurre algo similar. A veces anhelamos relaciones ideales, gestos extraordinarios o palabras perfectas, mientras pasamos por alto el amor cotidiano que se expresa en actos simples: una conversación sincera, un mensaje inesperado, una presencia que no se va. Lo extraordinario suele esconderse en lo habitual.

En lo profesional y académico, la ambición es necesaria, pero cuando se convierte en obsesión, nos roba el disfrute del proceso. Olvidamos celebrar los pequeños avances, los esfuerzos silenciosos, la disciplina que día a día construye algo más grande. Queremos resultados inmediatos y olvidamos que todo florece a su tiempo.

También en el plano social vivimos comparándonos. Las redes nos muestran lo que otros han alcanzado, y eso puede hacernos sentir que vamos tarde o que no tenemos suficiente. Pero cada vida tiene su propio ritmo, y comparar procesos distintos solo alimenta la insatisfacción. Agradecer lo presente no significa conformarse; significa reconocer que el punto en el que estamos también tiene valor.

Aprender a agradecer el hoy no es renunciar a los sueños, sino caminar hacia ellos con plenitud. Es entender que lo que llegará será fruto de lo que hoy cuidamos. Y que, muchas veces, cuando aprendemos a apreciar lo que tenemos, descubrimos que ya éramos más ricos de lo que pensábamos.

Las emociones no aparecen al azar ni son un error que deba corregirse. Surgen en relación con tu historia, tu contexto y...
26/02/2026

Las emociones no aparecen al azar ni son un error que deba corregirse. Surgen en relación con tu historia, tu contexto y aquello que es importante para ti. La alegría, el miedo, la tristeza o el enojo son respuestas del organismo que señalan algo relevante: necesidades, límites, pérdidas, riesgos o valores en juego. Ignorarlas o luchar contra ellas suele alejarnos de información valiosa y nos lleva a reaccionar en automático.

Cuando reconoces que cada emoción cumple una función, cambia tu manera de responder. En lugar de fusionarte con el miedo o intentar suprimir la tristeza, puedes observarlos como experiencias internas que traen un mensaje. El miedo puede estar conectado con algo que deseas proteger; la tristeza puede reflejar una pérdida significativa; el enojo puede indicar que un límite importante fue traspasado.

El objetivo no es sentir menos, sino relacionarte de forma más consciente con lo que sientes. Desde esa apertura, puedes elegir acciones coherentes con tus valores, en lugar de actuar solo para evitar el malestar. Así, las emociones dejan de ser obstáculos que hay que eliminar y se convierten en señales que te orientan hacia decisiones más alineadas contigo y con la vida que quieres construir.

El duelo no es una tarea que se completa ni una meta que se alcanza.No es un obstáculo que se “vence”.Desde una mirada c...
18/02/2026

El duelo no es una tarea que se completa ni una meta que se alcanza.
No es un obstáculo que se “vence”.

Desde una mirada contextual, el dolor no es el enemigo; la lucha constante contra él suele ser lo que más nos inmoviliza. Cuando intentamos “superar” el duelo, muchas veces estamos intentando eliminar el dolor, borrar el vínculo, o volver a la realidad anterior. Y eso no es posible.

El duelo es el proceso de aprender a vivir con una ausencia significativa.
No implica dejar de sentir, sino dejar de resistir lo que sentimos.

Aceptar, en este marco, no significa resignarse ni estar de acuerdo con lo ocurrido. Significa abrir espacio a la experiencia interna, tristeza, enojo, añoranza, vacío sin que esas emociones dirijan completamente nuestra conducta.

La pregunta deja de ser:

“¿Cuándo dejará de doler?”

Y se transforma en:

“¿Cómo quiero vivir ahora, incluso con este dolor presente?”

Desde enfoques como ACT, el duelo se convierte en un acto de amor persistente: el dolor aparece porque hubo algo valioso. La tristeza es la huella del vínculo. Y en lugar de tratar de extirparla, podemos aprender a sostenerla mientras seguimos caminando hacia lo que importa.

Aceptar una nueva realidad es integrar la pérdida en la historia personal, no borrarla. Es permitir que el recuerdo y el amor coexistan con la vida que continúa.

El duelo no se supera.
Se transforma.
Y nosotros también.

A veces pensamos que cambiar nuestros hábitos depende solo de “fuerza de voluntad”, pero desde el conductismo entendemos...
07/02/2026

A veces pensamos que cambiar nuestros hábitos depende solo de “fuerza de voluntad”, pero desde el conductismo entendemos algo diferente: nuestra conducta no aparece por arte de magia, se aprende y se mantiene por las consecuencias que la rodean.

Cada hábito, levantarnos temprano, hacer ejercicio, revisar el celular a cada rato o postergar tareas se forma porque algo lo refuerza. Si una acción nos da placer, alivio o recompensa inmediata, el cerebro la repite. Si no hay consecuencias claras, esa conducta se debilita.

Desde la neuropsicología esto cobra aún más sentido: cuando repetimos una conducta, se fortalecen las conexiones neuronales asociadas a ella. El cerebro busca ahorrar energía y automatiza lo que practicamos. Los ganglios basales ayudan a convertir acciones en rutinas, y la dopamina actúa como señal de recompensa, diciéndonos: “esto vale la pena, hazlo otra vez”.

Por eso no somos “flojos” ni “desorganizados” por naturaleza; muchas veces solo estamos respondiendo a aprendizajes previos y a circuitos que se han reforzado con el tiempo.

Cambiar un hábito no es cuestión de castigarnos, sino de rediseñar el ambiente: hacer más fácil la conducta que queremos, más difícil la que queremos dejar, y reforzar los pequeños logros. Cada repetición construye nuevas conexiones neuronales.

El cambio no ocurre de un día para otro, ocurre repetición tras repetición. Paso a paso, el cerebro aprende un nuevo camino.

Nuestros hábitos no nos definen… pero sí se construyen todos los días. Y lo mejor: si se aprendieron, también se pueden dejar de usar esos hábitos inviables y construir nuevos más efectivos a la vida que queremos.

La violencia en una relación no solo afecta las emociones; también modifica la forma en que el cerebro procesa la realid...
31/01/2026

La violencia en una relación no solo afecta las emociones; también modifica la forma en que el cerebro procesa la realidad. Cuando el daño es constante o impredecible, el sistema nervioso entra en un estado de alerta prolongada, aprendiendo a sobrevivir más que a sentir seguridad.

Desde la neuropsicología, sabemos que la exposición repetida al miedo y a la amenaza activa de manera crónica estructuras como la amígdala, mientras se inhiben funciones del lóbulo prefrontal, responsables de la toma de decisiones, la reflexión y la planificación. Por eso, no es que la persona “no piense con claridad”, sino que su cerebro está priorizando la protección.

La violencia intermitente daño seguido de afecto o arrepentimiento genera una respuesta similar a la de los circuitos de recompensa. El cerebro aprende a esperar el alivio después del dolor, fortaleciendo el apego y dificultando la ruptura del vínculo, incluso cuando hay conciencia del daño.

En este contexto, callar, minimizar o justificar no son fallas de carácter, sino respuestas neuropsicológicas adaptativas. El cuerpo y la mente se organizan para resistir lo intolerable.

Comprender la violencia desde esta mirada nos invita a dejar el juicio y acercarnos con más empatía. Salir de una relación violenta no es solo irse: es reentrenar al cerebro para volver a sentir seguridad, autonomía y elección.

Empezar de nuevo no borra lo vivido. Implica detenerse, mirar con honestidad y aceptar la experiencia tal como fue, sin ...
13/01/2026

Empezar de nuevo no borra lo vivido. Implica detenerse, mirar con honestidad y aceptar la experiencia tal como fue, sin castigo ni negación. Desde ahí, elegir conscientemente cómo seguir. Aun con miedo, duda o incomodidad, avanzar en dirección a lo que da sentido es un acto de crecimiento. No perdiste tiempo: te entrenaste en vivir, en sentir y en aprender.

A veces no es la realidad la que nos hiere, sino la historia que nuestra mente construye sobre ella. La mente cumple su ...
11/01/2026

A veces no es la realidad la que nos hiere, sino la historia que nuestra mente construye sobre ella. La mente cumple su función: anticipa, advierte, imagina peligros. El problema comienza cuando tomamos esas imágenes mentales como verdades absolutas y dejamos que gobiernen nuestras decisiones.

Desde ACT, no se trata de eliminar el miedo ni de discutir con los pensamientos, sino de aprender a observarlos. Verlos como eventos mentales que van y vienen, no como órdenes que deban obedecerse. El pensamiento “algo terrible va a pasar” es solo eso: un pensamiento, no una profecía.

Cuando dejamos de luchar contra lo que sentimos, aparece el espacio para elegir. Podemos sentir miedo y aun así avanzar. Podemos notar la ansiedad en el cuerpo y, al mismo tiempo, actuar en dirección a lo que valoramos: la calma, el crecimiento, la honestidad, la valentía cotidiana.

La práctica está en volver al presente:
¿Qué está ocurriendo aquí y ahora, más allá de lo que mi mente imagina?
¿Y qué acción pequeña puedo dar hoy que esté alineada con la vida que quiero construir?

Aceptar no es rendirse. Aceptar es dejar de gastar energía en batallas internas inútiles para invertirla en vivir con sentido. La imaginación puede exagerar el peligro, pero tus valores pueden marcar el rumbo.

Las emociones aparecen como olas: surgen, alcanzan un punto alto y, si no las retenemos, se disuelven. Desde ACT aprende...
03/01/2026

Las emociones aparecen como olas: surgen, alcanzan un punto alto y, si no las retenemos, se disuelven. Desde ACT aprendemos que el dolor emocional es parte inevitable de estar vivos; lo que marca la diferencia no es sentir, sino la lucha que entablamos con lo que sentimos. Cuando intentamos eliminar una emoción, le damos más poder. Aceptarla no significa rendirse, sino permitirle estar sin dejar que dirija nuestra vida. Podemos observarla, nombrarla y recordarnos: “esto es una emoción, no soy yo”.

DBT nos invita a sumar habilidades a ese momento: pausar, respirar, llevar la atención al presente y regular el impulso de reaccionar automáticamente. La emoción puede ser intensa, pero no es eterna. Podemos validarla sin actuar desde ella, eligiendo respuestas más eficaces y alineadas con nuestros valores.

ACT nos devuelve la pregunta clave: ¿qué tipo de persona quiero ser en este momento, aun con esta emoción aquí? Y DBT nos ofrece el “cómo”: conciencia plena, regulación emocional y tolerancia al malestar. Juntas, nos recuerdan que no necesitamos esperar a sentirnos mejor para vivir mejor. Podemos avanzar con amabilidad, paso a paso, sosteniendo la emoción con una mano y la vida que importa con la otra.

Aunque suene a broma, encierra una verdad psicológica profunda.La ansiedad no siempre lucha contra peligros reales, sino...
27/12/2025

Aunque suene a broma, encierra una verdad psicológica profunda.

La ansiedad no siempre lucha contra peligros reales, sino contra escenarios creados por la mente: futuros catastróficos, errores que aún no ocurren, rechazos que solo existen en el pensamiento. El cuerpo reacciona como si la amenaza fuera real, aunque esté hecha de ideas.

No es debilidad. Es un sistema nervioso hiperalerta que intenta protegernos, pero que a veces se pasa de la raya. Desde la psicología y en particular desde la psicoterapia contextual no se trata de eliminar la ansiedad ni de “pensar en positivo”, sino de cambiar la relación que tenemos con nuestros pensamientos y emociones.

Aprender a observar la mente sin engancharnos en cada historia, hacer espacio a lo que sentimos y elegir acciones alineadas con nuestros valores, incluso cuando la ansiedad está presente. Porque las batallas imaginarias también pueden desarmarse: con conciencia, regulación emocional y acompañamiento terapéutico.

No se trata de ser más fuerte, sino de ser más amable con uno mismo. Incluso los guerreros más ansiosos merecen descanso, comprensión y herramientas para vivir con mayor calma y sentido 🧠💙

Hay épocas del año que no hacen ruido afuera,pero resuenan fuerte adentro.La Navidad llegay con ella los recuerdos,las c...
24/12/2025

Hay épocas del año que no hacen ruido afuera,
pero resuenan fuerte adentro.

La Navidad llega
y con ella los recuerdos,
las comparaciones,
las ausencias que no se fueron.

El cuerpo lo sabe antes que la mente:
el sueño se rompe,
la paciencia se acorta,
el ánimo pesa.

Y la mente, fiel a su naturaleza,
empieza a contar historias:
lo que faltó,
lo que no fue,
lo que se perdió.

No es que algo esté mal contigo.
Es que estás viva
y hay cosas que importan.

Desde ACT no pedimos que estas sensaciones se vayan.
No las empujamos.
No las corregimos.

Nos sentamos a su lado.

Les hacemos espacio
como se le hace espacio a una visita incómoda
que también trae un mensaje.

Porque cuanto más luchamos contra lo que sentimos,
más nos alejamos de nosotros.

Tal vez hoy no necesitas alegría.
Tal vez solo presencia.

Presencia para sentir la tristeza sin convertirla en culpa.
Para notar el enojo sin castigarte por él.
Para permitir que la nostalgia pase
sin intentar borrarla.

No eres lo que sientes.
No eres lo que piensas.
Eres quien puede notar todo eso
y seguir respirando.

La Navidad también puede ser esto:
un cierre suave,
una pausa,
un recordatorio de que el tiempo pasa
y tú sigues aquí.

Con heridas.
Con aprendizajes.
Con límites nuevos.
Con valores que aún te sostienen.

Quizá cuidarte hoy
sea no exigirte sentir algo distinto.
Sea decir “hasta aquí” cuando lo necesitas.
Sea elegir silencio en lugar de ruido,
verdad en lugar de perfección.

Porque una vida valiosa
no se construye sintiéndonos bien todo el tiempo,
sino quedándonos con nosotros mismos
incluso cuando duele.

Eres suficiente.A veces no es el mundo el que nos juzga, sino la forma en que aprendimos a mirarnos. Hay un espejo inter...
24/12/2025

Eres suficiente.

A veces no es el mundo el que nos juzga, sino la forma en que aprendimos a mirarnos. Hay un espejo interno que no refleja quiénes somos, sino lo que creemos que nos falta. La mente se detiene ahí, una y otra vez, como si esa parte incompleta fuera toda la historia.

Desde una mirada ACT, podemos detenernos y notar algo simple pero profundo: “no soy suficiente” es un pensamiento. Aparece, suena convincente, duele… y aun así es solo una frase cruzando la mente. No define nuestra esencia ni resume nuestra vida. Es una voz, no una sentencia.

Cuando ese pensamiento llega, solemos tensarnos, discutir con él o tratar de probar que es falso. Pero quizá hoy no haga falta pelear. Tal vez baste con reconocer: esto es cansancio, esto es comparación, esto es humanidad. Hacerle espacio a la emoción sin dejar que dirija el camino.

No somos solo lo que no salió bien. Somos también lo que resistió, lo que siguió adelante incluso dudando, lo que estuvo presente para otros sin darse cuenta. Hay partes nuestras que la mente no suele mostrar, pero que siguen ahí, silenciosas, sosteniendo.

Aceptar la mirada de otros cuando la nuestra se vuelve dura también es un acto profundo de valentía. No porque ellos nos completen, sino porque a veces recuerdan lo que olvidamos: que no estamos rotos, solo estamos viviendo.

Y quizá eso sea suficiente por hoy. No sentirnos suficientes, sino seguir aquí, respirando, aprendiendo, eligiendo pequeños actos alineados con lo que valoramos.
Porque incluso en los días grises, incluso cuando la mente duda… seguimos siendo suficientes.

Cómo responde el sistema nervioso cuando reprimes emociones por mucho tiempoReprimir emociones como enojo, tristeza o mi...
23/12/2025

Cómo responde el sistema nervioso cuando reprimes emociones por mucho tiempo

Reprimir emociones como enojo, tristeza o miedo no las elimina: mantiene al sistema nervioso en un estado de alerta constante. A nivel neurofisiológico, la amígdala permanece hiperactiva, activando de forma crónica el sistema nervioso simpático (lucha o huida), mientras se inhiben los mecanismos de calma y recuperación del sistema parasimpático.

Esta activación sostenida eleva cortisol y adrenalina, lo que a largo plazo genera tensión muscular, alteraciones del sueño, inflamación de bajo grado y fatiga nerviosa. La corteza prefrontal se sobrecarga intentando “controlar” lo que se siente, reduciendo la regulación emocional y favoreciendo irritabilidad, bloqueo o reacciones desproporcionadas.

El cuerpo también expresa lo reprimido: respiración superficial, rigidez en cuello, mandíbula y espalda, molestias digestivas y dolor crónico. Además, disminuye la variabilidad de la frecuencia cardíaca, señal de menor resiliencia al estrés.

Desde ACT, el problema no es sentir emociones difíciles, sino luchar contra ellas. La evitación emocional mantiene al sistema nervioso en conflicto interno. La regulación comienza al permitir la experiencia emocional, observarla sin juicio, nombrarla y elegir acciones alineadas con valores, en lugar de intentar eliminar lo que se siente.

Aceptar no es resignarse: es dejar de gastar energía en la represión para que el sistema nervioso pueda salir de la alerta y recuperar su equilibrio. Procesar emociones es una necesidad biológica y psicológica para la salud integral.

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