03/01/2026
Las emociones aparecen como olas: surgen, alcanzan un punto alto y, si no las retenemos, se disuelven. Desde ACT aprendemos que el dolor emocional es parte inevitable de estar vivos; lo que marca la diferencia no es sentir, sino la lucha que entablamos con lo que sentimos. Cuando intentamos eliminar una emoción, le damos más poder. Aceptarla no significa rendirse, sino permitirle estar sin dejar que dirija nuestra vida. Podemos observarla, nombrarla y recordarnos: “esto es una emoción, no soy yo”.
DBT nos invita a sumar habilidades a ese momento: pausar, respirar, llevar la atención al presente y regular el impulso de reaccionar automáticamente. La emoción puede ser intensa, pero no es eterna. Podemos validarla sin actuar desde ella, eligiendo respuestas más eficaces y alineadas con nuestros valores.
ACT nos devuelve la pregunta clave: ¿qué tipo de persona quiero ser en este momento, aun con esta emoción aquí? Y DBT nos ofrece el “cómo”: conciencia plena, regulación emocional y tolerancia al malestar. Juntas, nos recuerdan que no necesitamos esperar a sentirnos mejor para vivir mejor. Podemos avanzar con amabilidad, paso a paso, sosteniendo la emoción con una mano y la vida que importa con la otra.