30/11/2025
Para los fundamentalistas de fabricar lectores
"En primer lugar cuestionaría la idea de "fabricar" buenos lectores. La idea de fábrica se da medio de cabeza con la lectura y, sobre todo, con los lectores tempranos. Si tuviese que inclinarme por alguna metáfora semejante, preferiría la de artesanía (¿Por lo que tiene de "arte" y de "sanía"?) que evoca esa pieza única, trabajada con paciencia y que solo pretende la belleza. A los chicos lectores no se los fabrica, se los cría entre palabras para que jueguen con ellas y descubran que el mundo puede ser pensado (y masticado) desde la literatura.
En segundo lugar, la idea de un "buen" lector es un poco curiosa. ¿Qué es un buen lector? ¿Alguien que lee mucho, pero cualquier cosa; alguien que lee poco, pero de calidad? Desde mi experiencia infantil -primero- y de adulta en contacto mucho tiempo con muchos chicos, y me inclino por creer que hay que facilitar su contacto con los libros, un contacto natural, sin obligaciones en principio. Ya vendrá luego la escuela a tratar de caminar por ese difícil precipicio por el que debe andar y que conjuga la imposibilidad de enseñar el placer con la necesidad de producirlo.
Claramente me gusta la idea del cultivo: en primer lugar, porque un buen jardín no depende solo del jardinero: entran en juego la tierra, el agua, el viento y la semilla. Los chicos son personas enteras: tienen sueños, miedos, formas de ver las cosas, entusiasmos y apatías. Mi cotidianidad me dice que los adultos que les acercamos los libros tenemos que ser, antes que nada (por no decir en forma excluyente), lectores apasionados. Si no lo somos jamás podremos cultivar en ellos el deseo de la lectura. Cuando ponemos en manos de un chico un libro, debe ver nuestro entusiasmo en los ojos. Le estamos dando eso porque está buenísimo, porque queremos que él lo quiera como nosotros. Y tenemos que tener la sabiduría de estar a su disposición para lo que nos necesite, esto quiere decir, enmudecernos frente a ese acto de lectura y bancarnos que, quizá, no nos llame, que no nos hable, que no nos necesite. Y soportar, también, que deteste lo que nosotros amamos.
El jardín de lo infantil da flores muy diversas y cada día que pasa siento que solo podemos "contagiar" nuestro deseo. Sé, por transitar la escuela, que los chicos están ávidos de gente apasionada, que necesitan quien les dé la seguridad de que el mundo extensísimo -imaginate lo que es para un pibe de 6 o 7 la realidad...puff, una inmensidad inabarcable- tiene puntos de anclaje de donde asirse para comprender. Los niños necesitan adultos con alguna que otra certeza y los que tenemos el convencimiento de que los libros abren mundos y nos permiten no naufragar, debemos ponernos a disposición (y es importante ponerse a disposición y no imponerse) para mostrarles lo bien que se flota en la balsa de los libros."
Julieta Pinasco
Ilustración: Judith Clay. Una velocidad del ser