25/12/2025
Hoy no se trata de una mesa llena, sino de un corazón presente. Si hoy estás contigo, entonces no estás sola ni solo.
No todas las mesas se ven iguales en Navidad, y eso es válido. Hay mesas con sillas vacías, con ausencias que duelen, con duelos recientes, con silencios que pesan, con familias que ya no encajan como antes.
Y también hay mesas pequeñas: una cobija, una bebida caliente, una noche en calma, una persona consigo misma.
La mente a veces susurra:
“Debería estar feliz, acompañado, celebrando como en las fotos que veo en redes”.
Pero el alma conoce otra verdad:
lo que realmente sostiene no es la cantidad de personas alrededor, sino la calidad de tu presencia contigo.
Estar contigo hoy puede verse así:
darte permiso de sentir sin explicarte,
llorar si el cuerpo lo necesita,
respirar profundo y apagar el ruido por un momento, agradecerte haber llegado hasta aquí, incluso con cicatrices,hablarte con amor, no con exigencia.
Si hoy tu mesa se siente vacía, distinta o incompleta, escucha esto con claridad y ternura:
🤍 No eres menos valioso ni valiosa.
🤍 No vas tarde en la vida.
🤍 No estás fallando.
Estás viviendo una Navidad honesta, humana y real. Y eso también merece respeto, cuidado y amor.
Para quienes pasarán esta Navidad sin compañía física por viaje, por distancia, por decisión o por los movimientos naturales de la vida es importante recordarlo: no están solos ni solas.
Esta soledad no es vacío.
Es un espacio sagrado.
Es una conversación íntima con el alma.
Es una pausa que no separa: reordena.
La vida nos invita a vivir la Navidad hacia adentro, a escucharnos sin ruido, a reconocernos completos, a recordar que nuestra presencia basta. En ese silencio también hay amor, también hay hogar, y sobre todo hay Dios sosteniendo cada respiración.
Si hoy la mesa es más simple, el corazón puede ser más amplio.
Si no hay abrazos externos, hay un abrazo interno que se fortalece.
Esta soledad no resta: construye, habla, contiene y completa.
Abrázate como necesitabas que te abrazaran cuando eras niño o niña.
Si hay personas amorosas cerca, permítete recibirlas.
Y si no las hay, hazte espacio: enciende una vela, escribe, escucha una canción que te sostenga.