PSIC. LILIA ORTIZ R.

PSIC. LILIA ORTIZ R. "Mi misión, mi vocación, y mi pasión se unieron como un medio de ejercer mi profesión, para acompañar y potencializar las herramientas de apoyo emocional

28/03/2026
15/02/2026
01/01/2026
09/10/2025

La actividad que hizo que entendiera a mis alumnos problemáticos 💔
La profe Laura se miraba al espejo del baño de la sala de profesores, su reflejo revelando ojeras profundas y una expresión de agotamiento. Primer año de secundaria. Se suponía que sería el inicio de una etapa, el despertar de la curiosidad, la formación de jóvenes mentes. Pero este grupo… este grupo era un huracán. Gritos, burlas, desafíos, indiferencia. Era, sin dudarlo, el peor curso que le había tocado en sus quince años de carrera.

Cada clase era una batalla. Intentaba estrategias, reprimendas, charlas individuales que terminaban con respuestas monosilábicas o miradas vacías. Los chicos y chicas de 1° "B" eran un enigma impenetrable, un muro de rebeldía y apatía que ella no sabía cómo derribar. ¿Qué les pasaba? ¿Por qué tanta bronca, tanta distancia? A veces, Laura sentía que estaba fallando, que había perdido la chispa, que ya no sabía cómo conectar.

Una noche, mientras se desplazaba sin rumbo por TikTok, vio un video. Una maestra sonriente proponía a sus alumnos una actividad: "En otra vida...". La idea era simple, casi infantil, pero la profe Laura sintió un ramalazo de inspiración. Quizás, solo quizás, aquello le daría una ventana, una grieta en ese muro que la separaba de sus alumnos.

Al día siguiente, entró al aula con una pila de hojas en blanco y bolígrafos. El murmullo habitual de su llegada se extinguió en un silencio expectante. "Chicos", dijo con una voz más suave de lo habitual, "hoy no vamos a ver la lección. Quiero que hagan una actividad anónima. Van a escribir en esta hoja: 'En otra vida...'. Pueden poner lo que quieran: qué serían, qué harían, qué les gustaría que fuera diferente. Es completamente secreto, nadie sabrá quién escribió qué. Solo yo lo leeré".

Hubo algunas risitas, miradas de escepticismo, pero la idea de anonimato pareció intrigarlos. Poco a poco, las cabezas se inclinaron sobre las hojas. Laura observaba, el corazón latiéndole con una mezcla de esperanza y temor. Veinte minutos después, las hojas arrugadas y dobladas se apilaban en una caja en su escritorio.

Esa tarde, cuando los alumnos fueron al recreo y estaba sola, Laura comenzó a leer. Una a una, las voces anónimas de sus alumnos empezaron a susurrarle sus secretos. Y lo que encontró la dejó sin aliento.

La primera hoja decía: "En otra vida, no me hubieran abandonado en la casa de mi abuela y sabría quiénes son mis papás". Laura sintió un escalofrío que le recorrió la espalda. Pensó en Pedro, el más callado, el que siempre llegaba con ropa un poco grande para su talla.

La siguiente, con letra nerviosa: "En otra vida, no tendría que ver a mi padrastro pegarle a mi mamá y en casa no habría golpes ni gritos". Era Sofía, la que siempre estaba a la defensiva, con ojos tristes y esquivos.

Otro papel revelaba: "En otra vida, mi papá no estaría en la cárcel y yo no tendría que ir a visitarlo a un lugar tan feo". Ese era Juan, el que a veces se enojaba sin razón aparente, el que parecía cargar un mundo sobre sus hombros.

"En otra vida, mi mamá estaría en casa y no en el trabajo todo el día, y me prepararía la merienda cuando llego de la escuela", decía una letra pequeña. Laura pensó en Lucía, la que siempre traía el pelo recogido de cualquier manera, la que a veces pedía ir al baño para llorar en silencio.

"En otra vida, no tendría que vender cosas en el tren después de la escuela para ayudar a mi mamá con la comida".

"En otra vida, mis hermanos no serían adictos y no tendría miedo de volver a mi casa".

"En otra vida, mi abuela no estaría enferma y no tendría que ser yo quien la cuida todas las noches".

"En otra vida, la gente no me miraría raro por mi cicatriz en la cara y tendría amigos de verdad".

"En otra vida, no me iría a dormir con hambre y tendría un techo seguro sobre mi cabeza".

"En otra vida, podría irme de esta villa y no tendría miedo de la violencia de las calles".

Laura bajó las hojas, sintiendo un n**o en la garganta y lágrimas que empañaban su visión. Se puso de pie y fue hacia la ventana, mirando el cielo oscuro. No eran alumnos problemáticos. Eran supervivientes. Cada interrupción, cada mirada desafiante, cada momento de distracción no era un acto de desinterés, sino una manifestación de un dolor profundo, de cargas invisibles que llevaban sobre sus jóvenes espaldas. Estaban luchando batallas que ella ni siquiera había imaginado.

Esa noche, Laura no concilió el sueño. Pero a la mañana siguiente, al entrar al aula, ya no veía un grupo desafiante. Veía a Pedro, buscando una familia. A Sofía, anhelando seguridad. A Juan, extrañando a su padre. A Lucía, deseando ser cuidada.

Sabía que no podía resolver todas sus tragedias, pero ahora entendía. Y entender era el primer paso. Se dio cuenta de que su misión no era solo enseñarles historia o matemáticas, sino ofrecerles un refugio, un lugar donde se sintieran vistos, escuchados y seguros, aunque solo fuera por unas horas al día. Empezaría por cambiar su propia mirada, por escuchar no lo que decían, sino lo que no podían decir. Porque, a veces, la esperanza de "otra vida" podía comenzar con la comprensión y la empatía de una profesora.

06/10/2025

Tu hijo no está en guerra contigo.
La adolescencia no es una guerra que se gana con gritos ni golpes, sino un puente que se construye con paciencia, respeto y conexión.

Daniel J. Siegel explica que, cuando los padres reaccionan con violencia, el cerebro del adolescente entra en modo de defensa: se activa el sistema límbico (miedo, rabia, huida) y se bloquea la corteza prefrontal (razón, aprendizaje, autorregulación).

El resultado:
Más rebeldía, menos confianza.
Más silencio, menos comunicación.
Más heridas emocionales que duran años.

El camino diferente:
Respira antes de reaccionar: tu calma regula su caos.
Pon límites firmes, pero con respeto.
Habla desde el “quiero ayudarte” y no desde el “quiero controlarte”.
Escucha: a veces tu hijo no necesita respuestas, solo sentirse comprendido.

Recuerda: educar no es imponer, es enseñar a pensar y a elegir.

Impacto final: Los adolescentes no olvidan los golpes ni los gritos, pero tampoco olvidan a los padres que supieron abrazarlos en medio de la tormenta.

Capítulo 12  - Todo Trabaja para el BienHoy quiero contarte cómo fue que Wayne Dyer le dio la vuelta a la tortilla. Pero...
06/10/2025

Capítulo 12 - Todo Trabaja para el Bien
Hoy quiero contarte cómo fue que Wayne Dyer le dio la vuelta a la tortilla. Pero antes, te cuento quién es él. Wayne Dyer escribió a lo largo de su vida cuarenta libros; el más vendido fue el primero que escribió: Tus Zonas Erróneas, con treinta y cinco millones de copias vendidas.
La vida de Wayne no fue fácil: su padre era alcohólico y golpeador, así que su madre tuvo que huir y meter a Wayne en un orfanato desde muy corta edad. Cuando creció, se casó y tuvo hijos; sin embargo, el resentimiento que le tenía a su padre era enorme. Tanto, que durante 36 años se la pasó repitiendo los mismos patrones inconscientes que odiaba de su padre: se volvió alcohólico, malhumorado, maltratador psicológico… en fin, igualito a su padre. Hasta que un día le avisan que su padre ha mu**to.
Él decide ir al pueblo donde murió y se dirige de inmediato al cementerio donde lo enterraron. En cuanto llega, comienza a gritarle y reclamarle:
“¿Por qué fuiste tan malo con mamá?
¿Por qué fuiste irresponsable?
¿Por qué nos golpeaste?
¡Por tu culpa tuve que estar en un orfanato y sufrí mucho…!”
Y de la nada, le cae el veinte… no, ¡le cae un LINGOTOTOTE DE ORO! Se hinca llorando y le dice:
“Papá, te reconozco como mi más grande maestro.”
A partir de ese día escribió su primer libro: Tus Zonas Erróneas. Y lo demás es historia. Se perdonó a sí mismo, perdonó a su padre, se reconcilió con su esposa, dejó de beber y formó una bellísima familia con 10 hijos, con los cuales compartió felicidad, paz y plenitud hasta los 75 años.
De hecho, en una de sus conferencias compartió que está seguro de que, antes de nacer, tuvo una cita con Dios y le pidió convertirse en un gran líder espiritual que ayudara a sus hermanos a despertar. Y Dios le respondió:
“Ok, en ese caso es necesario que nazcas en una familia disfuncional, con un padre alcohólico, golpeador e irresponsable, y que tengas que vivir tu infancia recluido en un orfanato. ¿Aceptas?”
Y él, como buen ángel, aceptó inmediatamente.
Lo que no sabía es que el trato incluía tener que olvidar el acuerdo que hizo con Dios en el cielo, y fue por eso que durante 36 años vivió resentido… pero después, todo fue miel sobre hojuelas.
Ahora, la pregunta para ti y para todos es:
¿Vas a seguir enojado por eso que tu ego dice que te falta, o vas a perdonarlo y verlo de otra forma?
Si Wayne pudo, ¡todos podemos!
¡Ahoo!

«Si entras ahora en nuestro salón de clases, verás una bolsa colgada junto a la puerta. Esa bolsa contiene todo lo que n...
02/10/2025

«Si entras ahora en nuestro salón de clases, verás una bolsa colgada junto a la puerta. Esa bolsa contiene todo lo que nuestra clase lleva a la escuela y que consideramos problemas o cosas malas en nuestras vidas. Las cosas que nos distraen, nos entristecen o nos enojan.

Algo que he encontrado en común en cada conversación con los estudiantes sobre lo que les molesta es que cada uno cree que él o ella es el único que tiene un problema, una vida difícil, un problema familiar, sea lo que sea.

Así que hoy todos escribimos de manera anónima en un papel lo que pesaba en nuestros corazones, lo arrugamos y lo arrojamos dentro. Los mezclé y los estudiantes tuvieron que coger uno y leerlo en voz alta. No podía creer algunas de las cosas con las que tienen que lidiar en casa, y tampoco sus compañeros. Hubo muchas lágrimas, muchos abrazos, muchos “no tenía idea de que tanta gente también tuviera cosas difíciles con las que lidiar”.

El mensaje del proyecto, como les expliqué, es que nunca sabes el peso que las personas están cargando. Es muy importante recordarlo cuando interactuamos con los demás. Quería que vieran que no estaban solos y que tenían toda una clase de personas que podían comprender y apoyarlos.

Nuestras historias ahora cuelgan junto a nuestra puerta como un recordatorio de la “bolsa” que otros pueden estar cargando consigo.»
Historia de Kristen McCulloch~

Dirección

Puerto Vallarta

Horario de Apertura

Lunes 4pm - 9pm
Martes 4pm - 9pm
Miércoles 4pm - 9pm
Jueves 4pm - 9pm
Viernes 4pm - 9pm
Sábado 9am - 4pm

Teléfono

+3227283607

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando PSIC. LILIA ORTIZ R. publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto El Consultorio

Enviar un mensaje a PSIC. LILIA ORTIZ R.:

Compartir

Categoría