01/01/2026
Cirugías y los filtros nos enseñaron una sola cosa: nuestro cuerpo es un proyecto eterno de mejoramiento.
La dismorfia corporal en mujeres no es un tema de autoestima. Es un síntoma social.
Nos enseñaron a mirarnos como productos: corregibles, vendibles, mejorables, comparables.
Cada filtro, cada retoque, cada “reto de 30 días" nos dice que siempre falta algo.
Y ese "falta algo" se vuelve identidad.
Pero lo que falta no está en tu cuerpo.
Falta un sistema que deje de convertir la inseguridad femenina en negocio.
Falta una educación que enseñe a habitar el cuerpo, no a observarlo como enemigo.
Falta una mirada que entienda que en tu piel vive tu historia, no tu falla.
Tu cuerpo no tiene nada malo.
Solo está cansado de que lo mires con ojos que no son tuyos.