11/12/2025
Cuando piensas en lobos, imaginas tundras nevadas y alces, no un cánido nadando 12 km en aguas del Pacífico Norte a 10 °C, cazando focas y abriendo mejillones como una nutria marina.
Pero Canis lupus crassodon, el lobo costero de la Isla de Vancouver, reescribió lo que significa ser lobo.
Estudios genéticos recientes confirmaron que son genéticamente distintos de los lobos del interior, separados por evolución en un área sorprendentemente pequeña. La barrera no fueron montañas: fue el océano, que terminó convirtiéndose en su autopista.
Son nadadores excepcionales. Investigadores documentaron manadas en Isla Goose, 13 km mar adentro desde Bella Bella, solo accesible nadando. Lo hacen con el cuerpo sumergido, dejando fuera solo ojos, orejas y hocico para mantener sigilo. Eligen mareas favorables y suelen nadar de noche para evitar detección.
Su dieta es 75–90% marina. Son lobos solitarios que cazan focas en playas; también derriban nutrias marinas adultas de hasta 45 kg. Desentierran almejas, quiebran mejillones con las mandíbulas y consumen huevas de arenque y salmón, que representa casi 25% de su dieta, atrapado en arroyos o decapitado para acceder a cerebros ricos en grasa.
Son 20% más pequeños que los lobos del interior (29–40 kg vs. 36–68 kg), con pelaje más oscuro y morfología craneal y dental adaptada a presas marinas. No mantienen territorios fijos: migran entre islas siguiendo recursos estacionales.
Primeras Naciones Heiltsuk, Tlingit, Haida siempre supieron de estos "lobos marinos." Criaturas míticas como Gonakadet y Wasgo en sus tradiciones se inspiraron en estos cánidos. Pero la ciencia occidental tardó décadas en confirmar genéticamente lo que el conocimiento indígena sabía desde hacía milenios: que estos lobos son únicos.
Hoy enfrentan amenazas severas: tala industrial que destruye hábitat costero, cambio climático alterando disponibilidad de salmón y caza de trofeo que, lamentablemente, aún persiste.