05/02/2026
Cerrar este capítulo duele más de lo que imaginé.
No es solo dejar de dar leche, es soltar expectativas, culpas y dudas que me acompañaron todos estos meses, mientras lo único firme era el amor infinito por mi hijo.
Mi lactancia fue 100% diferida.
Nada fue espontáneo.
Todo fue planeado: extracciones, horarios, traslados, desvelos.
Lo hice lloviera, tronara o relampagueara.
Con el extractor en el trabajo, en el carro, en estacionamientos, en baños prestados, hasta en un Oxxo.
Lo hice cansada, llorando, en crisis… pero siempre con amor.
Doné leche. Alimenté a más bebés.
Y sobre todo alimenté a mi hijo con tiempo, cuerpo y mente, no solo con biberones.
Tuve dudas todo el tiempo.
Busqué mucha aprobación para dejar de lactar.
Necesitaba escuchar que estaba bien, que no estaba fallando, que cuidar mi salud mental también era cuidar de él.
Hoy cerrar la lactancia se siente como alivio y duelo a la vez.
La maternidad se encarga de romper las expectativas y enseñarte que amar también es saber soltar.
Este mensaje es para mí.
Para recordarme que hice lo mejor que pude con lo que tenía.
Que todo nació del amor más grande que conozco: el amor por mi hijo.
Y que eso nunca, nunca se pierde.
🤍